Libros electrónicos

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Desde hace ya varios meses no se hace otra cosa que hablar del «boom» de los libros electrónicos, y en muchos casos se hace de forma negativa, como si su triunfo popular implicara una pérdida cultural. Se compara, a menudo, con lo ocurrido con el CD y el vinilo, sin entender que la experiencia lectora no es comparable con la audición de música. En la música es un aparato electrónico (antes el tocadiscos, luego en lector de CD y ahora el MP3) el que procesa la información y la convierte en la música que escuchamos, de forma más o menos «pasiva». Sin embargo, leer requiere de nosotros una  interacción directa con el texto, de comprensión y análisis, pero también de manipulación del libro, lo que hace de la lectura un placer casi sensorial, además de intelectual. Por ello, la edición de libros en papel probablemente convivirá con la difusión en medios electrónicos, y cada cual actuará en función de los gustos o las necesidades. Para muchos, leer un libro en papel es un placer incomparable; para otros, tener acceso directo a bibliografía, diccionarios, traducciones o lectura audible puede ser una herramienta de trabajo insustituible (y también un placer, cómo no).

En cuanto a las revistas ilustradas, el reto es mayor, aunque tarde o temprano los dispositivos electrónicos ofrecerán una calidad, ya no de lectura, sino también de visualización de imágenes en color similar a las revistas gráficas. No hay que olvidar que los «e-books» que se comercializan actualmente son los primeros. Debemos recordar cómo eran los teléfonos hace unos años para imaginar la evolución que un nuevo aparato puede llegar a tener en poco tiempo.
En cualquier caso, los que más deben preocuparse son las editoriales de productos de consumo masivo, ya que los editores especializados simplemente deberán hacer una reconversión. Para estos últimos, la edición electrónica puede ser una evolución positiva, ya que el porcentaje de gastos destinados actualmente a impresión y distribución podrían dedicarse a mejorar contenidos; con lo que quien saldría ganando sería el lector, que es quien realmente importa, independientemente de que abra una revista o pulse el botón «on» de un aparato.

 

Wladimir Vivas (Publicado en Revista Cerámica, Núm. 113, pág. 66)

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