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Tea Bowl Stories

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Cuenco japones para beber té
Érase una vez un cerámista que mantenía una filosofía: “Si alguien quiere comprar una de tus obras, estás obligado a vendersela”. Y así, sucedió que un día un amigo del cerámista, un monje vestido y afeitado del templo local, le visitó para tomar una taza de té y cotillear un poco. Después de un ratito, el monje vió una hermosa pieza expuesta en una estantería. Era un cuenco de té. Era la humildad bañando un entendimiento, como si estuviera en el borde del Universo. Es la curvatura que le dio la dirección, invitando al usuario a participar de la eternidad. El monje se sintió abrumado por su belleza y rápidamente quiso saber quién era el fabricante. El alfarero, humildemente, admitió que era suya. “En ese caso”, declaró el monje, “quiero comprarla”. El alfarero, sin embargo, se mantuvo firme: “Lo siento”, contestó, “pero no puedo vender”.

“¿Por qué?” tronó el monje, “¡Usted ha dicho que están obligados a vender la pieza si alguien quiere comprarla! ¡Y en este caso no hay excepción…!” El alfarero, con la pieza en la mano, dijo: “Bozo-chan, este cuenco no entra en el negocio, porque lo compré. Yo estaba en una galería en Tokio y reconocí la pieza. La quería tanto que la compré por el precio total, así que soy el dueño además del fabricante. Así que lo siento”, e hizo una profunda reverencia.

Y llegó la suave replica del monje: “Bien, en ese caso ¿Puede regalármela?”

Puedes leer la versión original, en inglés,  de este cuento en la web de Wali Hawes: http://claygun.blogspot.com

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