CERAMIBA 2019 - Feria-Concurso Internacional de Cerámica Artística

“Gonzalo Viana. Mito, fábula e distopía”

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Escultura en piedra de Gonzalo Viana

 

Entre diciembre de 2013 y enero de 2014 se celebró en la Casa das Artes de Vigo (Pontevedra) la exposición titulada “Gonzalo Viana. Mito, fábula e distopía”, dedicada a la obra de este inclasificable artista gallego, que, hasta su fallecimiento en 1997, navegó por las rutas del arte, la artesanía y, como no, de su amado océano. Fernando Porto nos habla del hombre y de su obra.

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“Gonzalo Viana. Mito, fábula e distopía”

por Fernando Porto

Hablar de Gonzalo Viana es hablar de un ser entrañable que sigue por aquí entre nosotros. Lo conocí cuando empecé a hacer cerámica, allá por finales de los años 70, cuando aún no sabíamos donde cocer las piezas.

Yo ya llevaba un tiempo haciendo animales imaginarios (junto con mi hermano Nacho), cuando me dijeron que alguien me estaba copiando y allí acabamos, vendiendo en las calles de Santiago, uno al lado del otro, siempre cómplices de alguna manera. Para él, su obra gráfica no era secundaria, pero la valoraba por no tener que reproducirla y por hacer un trabajo más limpio que el trabajo con barro.

Sin embargo, al menos conmigo, el modelado en barro y su propia temática prevalecía en su interés. Como todos los creadores plásticos, los artistas o como se les quiera llamar, son viajeros solitarios, y Gonzalo, en su mundo, entre lo antiguo y lo moderno, creó todo un universo, para la cerámica lo antiguo, y para lo moderno la obra gráfica. Su obra no es frívola, no hace concesiones.

De todos modos, él nunca vio su cerámica como algo antiguo, sino como una visión del mundo que para aquellos tiempos ya vaticinaba lo que el siglo estaba a vivir. Hace  pocos años que se había creado Greenpeace.

Los dos teníamos la sensación de haber caído aquí por casualidad y veíamos las cosas como si estuviésemos afuera, en otra cultura. Compartíamos formas de hacer y de sentir; yo creaba entre mis dedos animales imaginarios simbólicos, cabras con alas, hombres con cabezas de animales, jinetes, etc; más bien rígidos, hieráticos, mientras que sus figuras estaban dotados de cierto movimiento, expresividad y humanidad. Estas piezas iban acompañadas de creencias ancestrales, hablan de animismo, de seres totémicos, de seres raíces, son de alguna manera visiones espectrales y misteriosas del ser humano y su relación con el mundo animal, representaciones en muchos casos de cualidades humanas. Es curioso apreciar que pocos años después, el mundo audiovisual fue poblado por seres imaginarios y sus transformaciones, como por ejemplo Pokemon, Songoku, Digimon, etc…

Comenta Trini, mi compañera, que Gonzalo era un ser que daba paz y con el que no hacían falta las palabras. A todos nos recordaba una tortuga, lo veíamos como si fuese su animal totémico, como si él mismo fuese un hombre animalizado.

Alonso del Real, ilustre prehistoriador de la USC, al que tuve la suerte de tratar, me entregó un texto suyo de 1952, sobre la primera esfinge que se encontró en España, donde explicaba que la construcción de estatuas antropozoicas con una función religiosa supone que se cree o se ha creído alguna vez en la existencia de tales seres. “La disposición anímica precisa para inventarse esfinges, toros androcéfalos, etc, no es nada sencilla ni fácil de entender”. Resumiendo las cosas, podríamos decir que se trata de una mentalidad que concibe la vida como un “continuo” y para la cual las delimitaciones entre especies animales (caballo, ave) o entre animal y hombre, no existe; lo importante es la diferencia entre “ser vivo” y “ser no vivo”, (como muchos lenguajes recogen, entre animado o inanimado) o, a lo sumo, entre animal y planta. Y este parece haber sido el caso más corriente entre pueblos cazadores. Esta maravillosa plasticidad mental hace posible el “culto de animales”, el “totemismo”. Estas son características de las culturas de los cazadores prehistóricos.

Su obra cerámica rebosa calor, respira ternura, es cercana, escultórica, no tiene aristas, partes punzantes, (al contrario que su obra gráfica), sin importarle los acabados, pues para él lo importante era la creación misma de las piezas, que quedaban dotadas de un tacto irremediablemente natural y agradable, por eso no le importaba dejar sus huellas en las piezas.

Era un ser humano, austero, leal, con un gran sentido de raíz, arquetípico y muy unido a la naturaleza; no olvidemos que pasaba grandes temporadas en la Isla de Ons, así como en las selvas venezolana o brasileña, y por eso me recuerda a Man, el ermitaño de Camelle, arrimados al mar, a las certezas, a verdades sin artificios, en la búsqueda de los orígenes, de las más profundas raíces.

Nadie muere nunca, y hay gente que sigue muy viva entre nosotros. Gonzalo está aquí, con la presencia siempre, inolvidable, de un habitante invisible.

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Gonzalo Viana

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Casa das Artes
Calle de Policarpo Sanz, 15
36202 VigoTel. 986 43 95 25

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