Erasmus en el museo de cerámica de Westerwald

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Piezas de cerámica

En ocasiones es un ejercicio muy recomendable salir del pequeño círculo en el que nos movemos para tener una perspectiva externa, una imagen que nos permita conocernos mejor a través de los ojos de alguien ajeno a nuestros propios intereses. Si esto es algo interesante a todos los niveles, en el mundo de la cerámica puede ser aún más enriquecedor.

Y es más enriquecedor porque esa mirada externa nos puede señalar los errores y aciertos pero, sobre todo, puede llamar nuestra atención sobre aspectos que, por ser conocidos, en ocasiones se nos olvidan. En el siguiente artículo, Javier González Quinatanilla, que desarrolla su estancia de estudios en el Museo de Museo de Cerámica de Westerwald (Alemania), nos ofrece su visión del museo.

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Erasmus en el museo de cerámica

por Javier Glez. Quintanilla

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¿Qué hace un estudiante de Comercio Internacional haciendo sus prácticas en un museo de cerámica alemán? Misterios administrativos aparte, pudiera ser que no fuera un sitio tan raro para aprender. ¿Habíais pensado alguna vez que las obras de arte tienen que trasladarse, enviarse, recogerse, asegurarse, pasar por aduanas…? Y además, ¿habíais pensado que existen empresas especializadas en el transporte, la logística y el montaje de exposiciones? Lo dicho, puede que no sea el sitio menos indicado para aprender.

Pero eso si, lo primero que te encuentras al llegar es… el propio museo.

Keramikmuseum Westerwald, o lo que es lo mismo, el Museo de Cerámica de Westerwald, es un museo íntegramente dedicado a la cerámica. Situado en Höhr-Grenzhausen, en la zona de Westerwald, a unos 10 kms de Koblenz, en el estado alemán de Renania-Palatinado. El edificio cuenta con 2.500 metros cuadrados de espacio expositivo y su distribución escalonada –pudiéramos decir estratificada– nos guía por un recorrido que va desde piezas cerámicas pertenecientes a la cultura de los «Campos de urnas» hasta creaciones actuales de artistas internacionales. Aparte de la exposición permanente, el museo ofrece otras temporales e incluso se puede utilizar para distintas actividades: conciertos, conferencias, cumpleaños, bodas… ¡si, bodas, presencié una! Y no solo muestra historia; cuenta con una parte expositiva que nos enseña la presencia de la cerámica en el día a día: grifos, piezas dentales, materiales aislantes, etc, porque, ¿quién ha dicho que esto no sea también parte de la historia? Además el museo es didáctico, ofrece desde talleres para niños (y no tan niños), hasta la posibilidad de utilizar antiguas máquinas para fabricar “en serie” pipas para fumar.

¿Qué puede ofrecer un museo de estas características a un completo neófito? De entrada el edificio: amplio, diáfano, cálido y acogedor, puedes ver todo casi con un giro de 360 grados, pero descubres que tiene recovecos llenos de pequeñas sorpresas y curiosidades. Y las exposiciones.

Pero, ¿cuál es la mejor forma de ver un museo? ¿Nos dejamos guiar por la temporalidad de las piezas? ¿Simplemente vagamos buscando la pieza que nos guste? Todo depende de tus gustos, claro. Personalmente prefiero buscar –o mejor dicho, encontrar– esas piezas que se me queden grabadas en la retina. Deambular por los espacios observando vitrinas y piezas a cada paso. Unas, expuestas mostrando su evolución en el tiempo; otras, resaltando sus valores artísticos o decorativos; otras simplemente mostrando su utilidad… Y descubres que la cerámica no es el simple jarrón, la simple vasija o el simple «gatito» ornamental. Hay diferencia en la técnica, desde el esmaltado a la sal típico de la zona hasta técnicas japonesas o de cocción. Y descubres que lo que en un principio podía simplemente ser una forma de impermeabilizar vasijas se transforma en decoración, de las piezas de menaje de uso diario hasta las obras ya meramente decorativas.

Puede que la mejor forma de ver el museo sea comparando. Una vez que lo has visto, has comprendido la evolución de las piezas, has elegido tus preferidas, es aconsejable otra visita. Una visita en la que comparas la evolución de la pieza que te gusta, para comprender por qué y cómo el simple cuenco con los colores básicos de la arcilla ha derivado en ese plato decorativo que no te importaría tener en el aparador. Por qué esa columna cerámica tan recargada perteneciente a la época barroca ha devenido en una pieza vasta, ruda, desnuda, pero con el mismo significado: decorar e incluso ser escaparate del nivel social del poseedor.

El Museo de Cerámica de Westerwald te enseña algo tan universal como es la evolución de la humanidad a través del uso de la simple arcilla. Cómo un recurso cercano y abundante, utilizado para ayudar en las tareas domésticas, ha pasado a ser objeto de diseño y con un valor decorativo y artístico y, además, cómo se puede convertir en un material de futuro gracias a la continua investigación y desarrollo que se está llevando a cabo.

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Se prohíbe el uso de texto, que se publica en Infoceramica con permiso del autor. Infocerámica agradece la ayuda prestada por Javier Glez. Quintanilla para la publicación de este artículo. Las fotos fueron realizadas por el autor del artículo y queda prohibida su reproducción sin permiso expreso.

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