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Jornadas con Enric Mestre

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Enric Mestre

Hace ya unas semanas, y gracias al trabajo de organización de la ceramista valenciana Rafaela Pareja, un grupo de afortunados tuvimos el privilegio de compartir unos días con Enric Mestre, uno de los grandes maestros de la cerámica actual

Vinalesa, Valencia, 20 de enero. Poco a poco el taller se va llenando de participantes, en una mañana en la que el frío, el viento e incluso la nieve parecen desmentir que estemos en la huerta valenciana. Una huerta que nos recibe con un inusual aspecto desabrido: inundada, la fruta y las ramas de los naranjos cubriendo el suelo, los barrancos que contienen a duras penas el agua, y los amenazantes truenos y relámpagos.

Durante toda la mañana estos truenos acompañarán las palabras del maestro que, en ocasiones, callará para escucharlos (lo hace a menudo, también para escucharse a si mismo, para reflexionar…), porque Enric Mestre vive a ritmo pausado, desde el principio notamos que este no será un curso de cerámica, sino un encuentro en el que trataremos de conocer al artista para captar mejor la esencia de su obra.

Y a ritmo pausado continuará Mestre conociendo a cada uno de los participantes, haciendo comentarios y constantemente perdiéndose por los diferentes caminos que le sugiere lo que cada cual le cuenta. Habla de sus comienzos, de sus maestros (como Alfons Blat, al que recuerda con veneración: “de él aprendí a ser exigente”), de su labor didáctica, de su obra y de su vida.

Como es lógico se habla mucho de la docencia y las escuelas de cerámica. Mestre recuerda con orgullo el ambiente que supieron crear en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, en la que fue profesor. Destaca la importancia de “alimentar al alumno” con visitas a exposiciones, a talleres, hacer viajes de estudios y darles a conocer la obra de otros artistas. Después de tantos años de docencia, Mestre muestra su escepticismo sobre el modelo actual de enseñanza de las artes. Su implicación por la docencia y sus alumnos se ve reflejada en las palabras que dedica a una ex-alumna participante en el curso: “Cuando la pregunto y me dice que no hace nada…, me dan ganas de llorar”. Es en esos momentos en los que la emoción se hace presente, el silencio que se crea en el taller no es tenso, sino meditativo. El maestro deja tiempo para que entendamos lo que dijera al principio de su clase: “Hay que hacer, pero antes hay que reflexionar. Hace falta mucha reflexión en el mundo de la cerámica.”

Más tarde, Mestre seguirá desgranando historias y recuerdos mientras va realizando una de sus piezas. Quitándole en ocasiones importancia al proceso manual de realización de la pieza, lo que él llama “trabajo mecánico”. Aún así ese trabajo lo hace de forma metódica, cuidando cada detalle mientras habla, no, mientras elogia la fuerza de la arista, de la línea recta, de la precisión de la textura conseguida. Mestre no quiere sorpresas, si no sale del horno lo que él quiere, vuelve a empezar, a hacer sucesivas cocciones hasta conseguirlo.

Así es Enric Mestre, así se nos muestra a los que asistimos a estas jornadas: explica y comparte recetas de esmaltes y curvas de cocción, pero al tiempo dice que eso no tiene importancia, que lo importante es la propia experimentación; enseña las miles de pruebas, el trabajo de años, pero comenta que apenas las usa; recorremos su taller, abrumados por los cientos de piezas que descansan en sus estanterías, en el suelo, en cada rincón, y habla también de los fallos y los errores; de la importancia que otorga a su obra pictórica y del amor que siente por sus cuadernos.

Esos cuadernos en los que el maestro ha ido dibujando cada pieza, cada idea. Realmente es en esos cuadernos donde se conoce el trabajo creativo que hay detrás de la obra artística de toda una vida. Perfectamente catalogado y fechado, recorrerlos es trazar una ruta por el aliento creativo, por el estudio y la experimentación. Es el diario personal de Enric Mestre.

El tiempo se acaba y todos los que hemos tenido la oportunidad de compartir estos días con Mestre coincidimos en que son necesarios más encuentros de este tipo. Tanto como las técnicas y los conocimientos, es necesario para los ceramistas aprender de los grandes maestros, no solo lo relativo a la cerámica, sino a la vida y la creación en general. Quizá eso es lo que diferencia un profesor de un maestro. Quizá eso es lo que hace de Enric Mestre un gran maestro.

Gracias Rafaela, por darnos esta oportunidad. Y gracias Enric.

Wladimir Vivas

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Enric Mestre

“Siento amor por mis cuadernos, toda mi vida está en ellos”

Enric Mestre

“Unas veces son las huertas, otras las acequias. con eso empieza el trabajo creativo”

Enric Mestre

“Esto es un trabajo mecánico, puede hacerlo cualquiera”

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Fotos: Inés Casas (Soul & Clay)

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Infocerámica agradece a Rafaela Pareja, a los alumnos asistentes al curso y a Enric Mestre la ayuda prestada para la publicación de este artículo. También agradecemos el permiso para publicar las fotografías realizadas por Inés Casas durante el curso, prohibida su reproducción.

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7 comentarios

    • Infocerámica on

      Gracias Pilar, realmente fue una maravilla poder compartir unos días con Mestre, Rafaela y todos los asistentes a las jornadas

  1. Esperanza Romero Blanco on

    Me ha encantado el artículo, como relatas el sitio y los campos. Estar con Enrique tuvo que ser una pasada , me despiste y no llegue a tiempo, n sé si se presentará otra oportunidad!.

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