El desafío de una residencia internacional

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Piezas de cerámica de Lauren KarleLa ceramista norteamericana Lauren Karle comparte con nosotros la experiencia de realizar una residencia artística en un país diferente, con materiales, métodos de trabajo y compañeros diferentes, como la que ella realizó en la Escuela de Arte de Talavera de la Reina (Toledo)

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El desafío de una residencia Internacional

Artículo por Lauren Karle

Tanto para visitantes como para locales, una residencia en el extranjero proporciona oportunidades increíbles para el crecimiento personal y artístico. Para que se produzca un verdadero intercambio, tanto el artista como la comunidad local deben dar y recibir con la mente y el corazón abierto. Mi reciente residencia en la Escuela de Arte de Talavera de la Reina (Toledo) me proporcionó el puente para un intercambio cultural más extenso con mi familia de acogida y los profesores y estudiantes con los que interactué.

El primer y más obvio impacto fue el intercambio de conocimientos técnicos cerámicos. Hice una demostración de la técnica de transferencia de engobes que uso para decorar la superficie de mi cerámica. También mostré como se usa el engobe para decorar y dar textura a las planchas antes de la realización de las piezas. Un profesor hizo una demostración de arista y cuerda seca para mí, técnicas que yo nunca había visto. Todo el conocimiento intercambiado se integra en nuestra práctica y se convierte en una nueva posibilidad dentro de nuestra “caja de herramientas”. Las técnicas pueden ser usadas en una infinita variedad de formas, permitiendo nuevas combinaciones que amplían los límites de la cerámica contemporánea a ambos lados del oceano.

Hubo intercambio del conocimiento de materiales y herramientas. Yo llegué con algunos de mis materiales para decorar, así como herramientas indispensables. Algunas de ellas se las dejé a un joven artista para que siguiera utilizándolas. Hasta mi residencia en España no había estado en ningún estudio que trabajara con plomo o algún derivado comercial del mismo. Había varias opiniones sobre el bisilicato de plomo, pero a final decidí trabajar como lo hacían aquí, utilizando este ingrediente que normalmente está prohibido en mi trabajo. El resultado fue inesperado y bonito, variando el efecto de algunos engobes y dando un matiz amarillo al trabajo. Quizás de vuelta en mi taller pueda intentar reproducir esto con otros materiales, aunque sería más deseable que la obra esté definida por el tiempo y lugar de realización.

Otra gran influencia fue nuestro intercambio de conocimientos cerámicos históricos y contemporáneos. A los estudiantes les sugerí muchos artistas de los Estados Unidos que deben conocer y seguir. Un profesor me llevó a los talleres de Talavera para ver el trabajo que realizan actualmente. También visité el Museo Ruiz de Luna, que alberga cientos de piezas de cerámica de la zona. Viendo el proceso contemporáneo y examinando el trabajo histórico fui capaz de identificar las muchas influencias de la cerámica decorada sobre blanco de estaño en la Talavera mejicana. Conocer como nos influimos unos a otros nos permite percibir el mundo como algo en conexión.

Como mi propio trabajo, la tradición cerámica en España es una mezcla de varias culturas. La influencia árabe combinada con la cultura visual española es un ejemplo a gran escala de cómo yo combino mis propias experiencias. Los azulejos con diseños históricos y “estampados” que me rodeaban en España ejercieron influencia en lo que hice. La serie de platos con cenefas fue mi interpretación de los azulejos que ví en las fachadas y en el interior de las casas. Los diseños fueron influenciados por la arquitectura y los diseños históricos a los que estuve expuesta. Desde proyectar la exposición, hacer las maquetas, probar engobes, colores y esmaltes y crear las piezas, los estudiantes fueron capaces de ver como yo adquirí mi inspiración de varias fuentes para crear una exposición coherente.

Realizar el trabajo en un país extranjero requirió que me arriesgara y adaptará mientras me sumergía en una nueva tradición cerámica. La curva de aprendizaje de una residencia en el extranjero es escarpada pero gratificante. Va desde el medio cerámico hasta la gente involucrada. Cocinar para y con la familia de acogida, compartir una comida (de las que cada uno lleva algo) con estudiantes y profesores en la escuela y participar en las fiestas locales nos permitió compartir más algo más que el simple conocimiento: nuestra cultura. Aprendimos cómo vivir la vida, y cómo a pesar de las diferencias culturales la personas somos realmente lo mismo.

www.laurenkarle.com

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