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El Alfar de Severiano Muñoz Varas

by Infocerámica

La Fundación de Castilla y León, junto a la asociación Cerámica de Almazán han publicado este libro dedicado al último alfarero de esta localidad, Severiano Muñoz Varas, con un estudio arqueológico de los restos de su horno y etnográfico de su trabajo

Texto: Wladimir Vivas

Cualquier persona interesada en la cerámica en cualquiera de sus variantes, desde el arte o la artesanía a la industria o el hobby,  puede reconocer la alfarería tradicional como el inicio y la fuente de todo. Es necesario conocer los orígenes, en ocasiones para homenajearlos, en otras para no repetir sus errores y, a menudo, para no hacer el ridículo. Porque parece en cierto modo ridículo ir a buscar en algún rincón exótico del mundo las esencias de lenguajes cerámicos o formas, colores o usos totalmente ajenos a nuestra historia. Es genial saber lo que es un chawan o una moonjar, pero quizá habría que empezar a mirar las cazuelas, pucheros, ollas, alcuzas o cántaros, ya que sus formas son el producto de la depuración de cientos de años y miles de alfareros y alfareras. Son, sencillamente, perfectas para sus usos y, al menos para mi, testigos de quienes somos.

Severiano Muñoz Varas fue uno de esos alfareros que dedicaron su vida a la artesanía, de forma anónima y constante, despreocupada de modas. Si hablamos de filósofos japoneses como Soetsu Yanagi y el movimiento Mingei parece que invocamos la esencia intelectual de la artesanía universal, pero la esencia de sus escritos se puede encontrar en el trabajo de artesanos como Severiano Muñoz: un artesano anónimo, cuya obra se basa en la autenticidad de la función, y en la creatividad del trabajo en común de generaciones de alfareros anteriores a él.

Reproducimos a continuación un extracto del texto:

“El proyecto de documentación arqueológica y estudio etno-histórico del complejo alfarero de Severiano Muñoz Varas encuentra su razón de ser en la necesidad de dar a conocer la actividad alfarera del último hornos y obrador en activo, situados dentro de parcela sin urbanizar del núcleo urbano de Almazán, cuyo último propietario fue Severiano Muñoz Varas, quien estuvo elaborando recipientes de uso común hasta su muerte, acaecida hacia mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado. Una vez que Severiano deja de elaborar las cerámicas que surtían despensas y cocinas de Almazán y su comarca, el horno y obrador comenzó su penoso proceso de destrucción, producto del abandono, llegando hasta nuestros días a estar milagrosamente en pie, aunque con peligro extremo de derrumbe.”

“Almazán, a partir de este momento (mediados del siglo XIX), comienza a abandonar la producción de cerámica con cubierta estannífera —hacia 1845 ya estaba elaborando placas de censo vidriadas— y la industria alfarera queda para surtir las necesidades locales por medio de la elaboración de piezas de basto que perduró, como hemos apuntado, hasta la segunda mitad del siglo XX. La modernización del campo y la entrada de nuevos materiales en las casas, como el plástico, produjo que la actividad alfarera cesara y se abandonara prácticamente, quedando algún artesano que elaboraba más para ferias y aficionados, pero que desaparecieron ante el empuje de otros centros sorianos, como Tajueco o Quintana Redonda que supieron reciclarse a tiempo. El de Severiano fue el último gran hornotradicional de Almazán, de ahí el interés etnográfico por documentarlo arqueológicamente antes de su definitivo derrumbe”.


Información:

El Alfar de Severiano Muñoz Varas. Etnografía de la última alfarería popular de Almazán
Pedro Javier Cruz Sánchez
Texto en castellano.
96 páginas, 21 × 21 cm.
Encuadernación en rústica

ISBN: 978-84-10367-39-5

Contacto:

@ceramicadealmazan

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