Alquimia de Memoria y Fuego: Colección de Cerámica Japonesa

by Infocerámica
Pieza de cerámica de Ryoji Koie

Ryoji Koie. “Olot”.

El autor comparte con nosotros la pasión con la que ha reunido su colección de cerámica japonesa, pequeña en número de piezas pero impresionante por su calidad, lo que constituye una propuesta para cualquiera que se quiera iniciar en la fascinante cultura de Japón

Entre la Arcilla y la Luz

José Antonio Gómez Mateo

 

Mi colección, aunque modesta en dimensiones, es un mapa de mi propia geografía vital. Los objetos que la conforman son testigos silenciosos de una transición personal profunda: el viaje desde el contacto físico y primordial con la arcilla húmeda, hasta la captura etérea de la luz en mi faceta fotográfica. Podría parecer que la cerámica y la fotografía son disciplinas distantes, pero ambas comparten una esencia ontológica que me fascina: son artes de la fijación del tiempo. Ambas dependen de procesos fisicoquímicos irreversibles para detener un instante y hacerlo eterno.

El origen de este compendio cerámico no es una fecha en un calendario, sino una huella emocional. Se remonta al encuentro “Estiu Japó 86” en Olot, un evento que amplió mi comprensión de la expresión. Sin embargo, mi colección se articula en torno a una ausencia: la obra no adquirida de Ryoji Koie. Esa “oportunidad perdida” actúa hoy como el eje conceptual que dota de mayor significado a las presencias tangibles que habitan mi galería.


I. El Contexto Histórico: El eje Olot-Tokoname

La Revolución de 1986

En aquel remoto verano de 1986, la masía La Coromina en la Vall de Bianya (Olot) dejó de ser un simple punto en el mapa de Cataluña para convertirse en el epicentro de un choque cultural de alta intensidad. Organizado por la Cooperativa Coure y liderado por Claudi Casanovas, el encuentro reunió a trescientos participantes y a siete maestros japoneses de vanguardia.

La cerámica catalana de la época, y por extensión gran parte de la europea, aún navegaba en aguas funcionalistas o academicistas. De pronto, nos vimos expuestos a la libertad radical de figuras como Mutsuo Yanagihara, Kimiyo Mishima o Satoru Hoshino.

El “Fantasma” de Ryoji Koie

Entre todos ellos, la figura de Ryoji Koie (1938-2020) se alza como el enfant terrible. Nacido en Tokoname, tierra de tuberías industriales y arcilla roja, Koie predicaba una filosofía de la “anticerámica”. Recuerdo vivamente su rechazo a la maestría técnica vacía. Su frase aún resuena en mi memoria: “Siento lástima por la gente habilidosa; hacen todo tan suavemente que no transmiten sentimientos”.

En Olot, Koie no se dedicó a tornear vasijas perfectas; manipuló energía pura. Al concluir el encuentro, tuve la oportunidad de adquirir alguna de sus obras por un precio que hoy suena ridículo: 5.000 pesetas. No lo hice. Esa decisión, vista en retrospectiva, valida mi colección actual. Koie representa lo experimental, lo inacabado, lo que rompe el molde. Su espíritu impregna mi búsqueda posterior de piezas que, como las de Fujiwara o Shimaoka, posean esa misma “verdad” material.

Pieza de cerámica de Ryoji Koie

Ryoji Koie. “Footed dish”, c1990. Pieza de estilo Oribe. Baja temperatura. Realizada en el estudio de Claudi Casanovas, en Olot (Girona). 5 × 31 × 31.5 cm. (Foto: Michael Harvey para Oxford Ceramic Gallery.)


II. El Tejedor de Arcilla: Tatsuzo Shimaoka (1919-2007)

Tesoro Nacional Viviente

La pieza cuadrangular que poseo es, quizás, la columna vertebral técnica de mi colección. Es una obra paradigmática de Tatsuzo Shimaoka, designado Ningen Kokuhō (Tesoro Nacional Viviente) en 1996.

Morfología y Construcción

Se trata de una botella cuadrada (kakubin). Lo fascinante de esta forma es cómo desafía la inercia del torno. La arcilla quiere ser redonda; es su naturaleza centrífuga. Shimaoka, sin embargo, torneaba un cilindro grueso y luego, con una maestría rítmica, lo golpeaba con paletas de madera para cuadrar las paredes. Es un proceso de alto riesgo: requiere un control absoluto de la plasticidad para evitar que las esquinas colapsen.

La Técnica Jōmon Zōgan: Un ADN Estético

La superficie revela la firma inconfundible del maestro: el Jōmon Zōgan (incrustación de cuerda). Shimaoka, hijo de un maestro cordonero de Tokio, no rechazó su herencia; la sublimó. El proceso es hipnótico: sobre la arcilla húmeda rodaba cordones de seda trenzados (obihimo). La elección de la seda no es caprichosa; su textura fina permite una impresión nítida que el algodón jamás conseguiría. Tras aplicar engobe blanco y limpiar el exceso, el patrón de cuerda emerge como un tejido petrificado.

Geología y Vínculo Personal

La pieza está elaborada con arcilla local de Mashiko, rica en sílice y hierro, conocida por su carácter “basto”. Shimaoka lograba domarla, a menudo mezclándola con arcilla de Shigaraki. La cocción en su noborigama y el vidriado transparente delatan una cocción reductora, aunque se aprecia una segunda cocción a baja temperatura para lograr estos rojos y verdes tan vivos.

Para mí, esta pieza tiene un valor especial. Entre los años 2002 y 2003, estuve a punto de irme a trabajar a Japón con Shimaoka. Esa posibilidad no materializada, al igual que la pieza de Koie, forma parte de la historia invisible de esta colección.

Pieza de cerámica de Tatsuzo Shimaoka

Tatsuzo Shimaoka


III. La Voz de la Tierra: Yu Fujiwara (1932-2001)

Tesoro Nacional Viviente y la Tradición Bizen

Si Shimaoka es el control, Yu Fujiwara es la entrega a la naturaleza. El vaso cilíndrico de mi colección, de superficie rugosa y tonalidades térreas, es un canto a la geología de Bizen.

El Milagro de la Arcilla Hiyose

La singularidad de esta pieza comienza bajo tierra, o mejor dicho, bajo el agua. La arcilla Hiyose no se extrae de montañas, sino de la capa profunda bajo los arrozales de Imbe. Es una arcilla biológica. Durante milenios, la paja y los microorganismos se han descompuesto en un entorno anaeróbico, creando una materia prima rica en humus y hierro. Fujiwara dejaba madurar esta arcilla durante décadas; un pacto de paciencia entre el ceramista y las bacterias.

Una Odisea de Fuego

Esta pieza no tiene vidriado aplicado. Todo lo que vemos es fruto de la interacción piroplástica. La cocción en Bizen es una maratón de diez a catorce días, alimentando el horno exclusivamente con pino rojo (akamatsu).

En mi vaso, se aprecian los efectos de la ceniza fundida (Goma) y las marcas de fuego (Sangiri). Es la belleza de lo impredecible, donde la ceniza cae como nieve volcánica y se funde a 1250°C, creando esmaltes naturales que ningún químico podría replicar en un laboratorio.

Pieza de cerámica de Yu Fujiwara

Dos vistas de la pieza de cerámica de Yu Fujiwara


IV. La Nieve de Mino: Masao Nakajima (1921-2014)

El Misterio del Shino

Junto con la anterior, es mi adquisición más reciente: Chawan de Masao Nakajima, Tesoro Cultural Intangible de Toki.

La Química del Defecto

El vidriado Shino es espeso, lechoso, casi como nieve derritiéndose. Se compone casi exclusivamente de feldespato molido. Lo que en Occidente llamaríamos “defecto”, aquí es la
cumbre estética. La superficie de mi cuenco presenta “Su” (nidos), pequeños cráteres formados por burbujas de gas atrapadas. Esta textura de “piel de cítrico” (yuzuhada) invita al tacto.

Pero lo más conmovedor es el Hi-iro (color de fuego). En los bordes, donde el vidriado adelgaza, emerge un rojo anaranjado vibrante. Es la re-oxidación del hierro de la arcilla buscando oxígeno a través del manto blanco. Nakajima orquesta enfriamientos de hasta 100 horas para permitir que estos cristales de color florezcan.

Pieza de cerámica de Masao Nakajima

Masao Nakajima. “Chawan” con esmalte “Shino”.


V. El Espectro del Pavo Real: Gaei Matsuyama (1916-1963)

Contrastando con la austeridad del Shino y el Bizen, el jarrón de Gaei Matsuyama irrumpe en la colección con la opulencia de un kimono ceremonial. Su vidriado Kujaku (Pavo Real) es una proeza técnica.

Ingeniería Química y Diplomacia

Matsuyama, que llegó a la cerámica tras ser cónsul en China y quedar fascinado por la dinastía Song, dominó la reducción del cobre como pocos. El color base proviene del Óxido de Cobre (CuO). Sin embargo, la magia ocurre cuando se restringe el oxígeno en el horno. El fuego “roba” oxígeno al vidriado, forzando la reacción química:

CuO→Cu2 O→Cu

Esto convierte el cobre en metal coloidal, generando rojos y púrpuras. La iridiscencia y los “ojos de pavo real” se logran mediante una separación de fases durante el enfriamiento, un fenómeno óptico (Efecto Tyndall) que atrapa la luz en microestructuras cristalinas. Dado que Matsuyama destruía las obras imperfectas, poseer esta pieza es custodiar un fragmento raro de historia.

Otra curiosidad es que le siguieron su mujer e hija (muy inusual), concluyendo con ellos la tradición.

Pieza de cerámica de Gaei Matsuyama

Gaei Matsuyama


VI. Sombras y Linajes: Zen Sasaki y Haruji Kato II

Mi colección se completa con dos voces que dialogan desde extremos opuestos del espectro.

Zen Sasaki (Echizen): Su vasija esférica es un ejercicio de Tenmoku. Sasaki busca evocar el
cosmos. La oscuridad profunda del vidriado representa el vacío (Mu), mientras que los cristales metálicos que flotan en la superficie —hematita precipitada durante un enfriamiento lento— son las galaxias. Es una pieza que no refleja el mundo, sino que lo absorbe. Variando sus colores en función de la hora del día.

Haruji Kato II (Seto): Finalmente, la pieza del Horno Aoi nos conecta con el poder político. El emblema “Aoi” (malva real) pertenecía al clan Tokugawa. Kato, heredero de un linaje que sirvió al Shogunato, nos ofrece la elegancia clásica de Seto. Su trabajo es un recordatorio de que la cerámica en Japón no es solo arte o utensilio; ha sido, durante siglos, un símbolo de autoridad y prestigio.

Este chawan con rombos (reserva a la cera) parece muy atípico en su producción, lo que le confiere exclusividad.

Valoración Integral: Voces en la sala

Esta breve colección narra la tensión eterna entre la Tradición —representada por la solidez de Fujiwara, la historia de Kato y la técnica de Shimaoka— y la Innovación disruptiva que encarnan Koie, la alquimia de Matsuyama y el misticismo de Sasaki.

También hablan, en cierto modo, de lo que fui como ceramista y de lo que soy como observador. Hablan de la oportunidad perdida con Koie y del viaje no realizado a Mashiko. Son, en definitiva, un archivo tangible de mis propias memorias, cocidas a fuego lento y preservadas para siempre, como la luz en una fotografía.

Pieza de cerámica de Sasaki Zen

Sasaki Zen

Pieza de cerámica de Haruji Kato

Haruji Kato




Las dos fotografías de Koie Ryoji son las únicas que no pertenecen a la colección de José Antonio Gómez Mateo


Se prohíbe el uso de texto y las imágenes de este artículo, que se publican en Infoceramica exclusivamente para la promoción de la obra de los artistas. Queda prohibida su reproducción sin permiso expreso. Infoceramica agradece a José Antonio Gómez Mateo por la ayuda prestada para la realización de este artículo.


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