Juan Ortí – Enric Mestre

by Infocerámica

Escultura cerámica de Enric Mestre

En ocasiones, algunas personas prefieren separar el artista de su obra, pero en el caso que nos ocupa eso se hace imposible: si la obra de Enric Mestre es importante en la escena cerámica europea de los últimos cincuenta años, su personalidad no lo es menos para quienes compartieron vida y trabajo con él, como Juan Ortí, que comparte sus recuerdos con quien fuera algo más que un maestro

Enric Mestre en el recuerdo

Juan Ortí y Wladimir Vivas

 

 

Quizá la persona del mundo de la cerámica española que tuvo una relación más cercana con el gran Enric Mestre, recientemente fallecido, fue el también artista Juan Ortí, que colaboró con él maestro durante años. De un ceramista como Mestre se pueden leer todo tipo de textos críticos, análisis de su obra y biografías. Se han publicado varios libros monográficos y decenas de catálogos de exposiciones. Es por eso que, a modo de homenaje a su memoria, hemos hablado con Juan Ortí, en una conversación que destila respeto y cariño.

Wladimir Vivas. En unas notas que guardo de un curso que impartió Enrique hace años y al que asistí, veo que él diferenció claramente entre arte y artesanía.
Juan Ortí: No recuerdo que durante el trabajo en el taller, hablase así de la esa diferencia, pero sí que él la tenía muy clara. Y en su trabajo lo tenía en cuenta y lo expresaba.

Enric Mestre y Juan Ortí en el tallerEn esas notas Mestre relacionaba el arte con el espíritu, por un lado, y la artesanía con objetos bien hechos para que la gente los use.
Sí, él tenía muy claro que era un artista y así se sentía. Creaba sus obras como piezas de arte. Eran puras esculturas o cuadros, y eso lo tenía clarísimo. Solamente en las primeras piezas que hizo cuando trabajaba con torno, podría ser algo como una cosa artesanal, cuando trabajó las vasijas. Pero para él, conceptualmente, sus obras eran esculturas puras y duras, o sea, sin medias tintas, lo tenía clarísimo.

En una ocasión me dijo: “mis trabajos son diseño puro, yo no soy artesano”.
Sí, él jamás repetía, me refiero a hacer la misma pieza para que sea con una función de venta o de utilidad. Él jamás, sus piezas eran y estaban creadas desde el inicio con un fundamento estético y puro. En realidad realmente nunca le hizo gracia vender, porque en el fondo no quería vender piezas, quería quedarse con todo.

En algo bastante habitual de los artistas: tener otra fuente de ingresos, en su caso la enseñanza, te permite comprar la libertad de poder hacer lo que desees en el momento que desees.
Sí, él lo sentía así. Igualmente, las piezas que vendía no daban para vivir. Solamente sí que es verdad que estos últimos años sí que vendía bastante, pero yo creo que fue de las únicas veces que vendía. De hecho, te puedo decir que él cuando veía que una pieza gustaba mucho o una serie gustaba mucho, ya desconfiaba. Pensando que quizá se estaba desviando.

Quizá le parecía que podía caer en lo popular.
Sí, y eso no le gustaba. Estaba completamente desligado de la parte comercial, no le interesaba. Hacía las exposiciones realmente porque le gustaba mostrar la obra, pero no por la venta. Jamás se movió por la parte económica. Es cierto que, un poco antes de que yo lo conociese, a finales de los 80, Enrique hizo muchísimos murales y obra pública, que sí eran una fuente de ingresos. Pero eran obras puntuales, que le proporcionaba ese ingreso que le venía muy bien. Eran encargos con los que salía un poco de la norma del taller.

En una ocasión, hablando de la desgraciadamente famosa pieza monumental del aeropuerto, recuerdo notarle realmente orgulloso de ese tipo de obra monumental.
Sí, claro. Porque a él le gustaba mostrar su obra a lo grande. Eso es lo que tenía, orgullo de su trabajo.

¿Cómo se resolvió aquel asunto de la escultura pública destruida?
Sí, la pieza que puede verse ahora en Alboraya la hicieron porque cuando destruyeron la de Manises, se montó un follón que no veas, a nivel mediático. Y esa es la pieza que se hizo para reemplazar la de Manises. Le llamaron del ministerio disculpándose e intentando solucionarlo, porque no querían que aquello fuese a más. Entonces, Mestre les dijo que estaba de acuerdo en que se hiciese otra en otro sitio. Y se hizo esa.

¿Se supo cómo se llegó a la destrucción de la escultura?
Realmente no sé qué pasó, nadie sabe. En las obras aquellas, esas grandes empresas subcontratan y subcontratan y subcontratan. Lo cierto es que aquella escultura estaba en unas condiciones pésimas. El jardín que la rodeaba había desaparecido, eran todo hierbas. Habían arrancado paneles, estaba con grafitis. Necesitaba una restauración profunda. Y aquello lo vieron como un escombro y la destruyeron. No sé si con una intención buena o mala, pero lo hicieron.

Eso debió causarle dolor.
Cuando lo descubrimos íbamos a Manises a comprar materiales y dijo, ¡hostia, la escultura, que no está! Y nos quedamos alucinando. Y luego como que durante unas semanas pareció como que se le olvidó un poco, no le dio mucha importancia porque la escultura estaba fatal. Pero un mes después de aquello se lo volvió a comentar, no sé si fue a Román de la calle o a un amigo suyo. Y poco a poco se montó una “bola”…, incluso hubo días que hacían cola en el taller las televisiones. Una locura. La radio, la televisión, todos. Y se montó mucho follón mediático, mucha protesta en las redes y en el círculo de los artistas.

Volviendo a vuestra relación. ¿Cómo se desarrollaba desde el punto de vista profesional?.
Pues la verdad es que en el taller yo era su ayudante. Eso es así. Yo solamente hacía su obra. Me encargaba de preparar las pastas, las planchas y construir la estructura de la pieza, o sea, lo que es el volumen. Y él luego les daba el acabado. Realmente confiaba. A la hora de crear las obras muchas veces le decía a Enric “esto no funciona” o que una parte de la pieza no quedaba bien. Entonces lo discutíamos y a menudo se cambiaba el diseño. O sea, que era un ayudante, pero sí que él confiaba mucho en mi criterio.

En otra ocasión me comentaste que había veces que Enric ni siquiera te tenía que dar unas instrucciones completas de lo que iba a hacer porque tú ya imaginabas lo que él tenía en mente.
Yo ya sabía, claro, porque después de tantos años hice miles de piezas. No estoy exagerando, es literal. Entonces yo ya me sabía los elementos que él solía utilizar, que en muchos casos repetía. Normalmente partía de un boceto del cuaderno y me hacía un plano; o sea, una planta a tamaño natural. Eso lo hacía mucho. Y también a veces me hacía maquetas si las piezas eran más intrincadas porque él también las necesitaba ver. Y de ahí directamente las desdoblábamos en proporción a hacerlas más grandes.

Dices que hacía planos a tamaño natural ¿También para las piezas muy grandes?
Sí, era muy metódico a la hora de trabajar. La idea que tenía la llevaba fielmente hasta el final.

¿Alguna vez cambiaba de idea a medida que montaba la pieza?
No, era su proyecto y se acababa. Si luego había una modificación, era otra pieza. Él era así, cada pieza era un proyecto cerrado, que se empezaba y se terminaba. Enric trabajaba continuamente. Si durante el proceso veía algo que le gustaba, lo desarrollaba esa noche en su casa, porque siempre, después de cenar, se ponía a dibujar en sus cuadernos, dibujaba continuamente, todos los días.

Esos cuadernos que él tenía como “oro en paño”. Recuerdo que se los enseñaba a todo el mundo, cualquiera que iba al taller tenía que sentarse a mirar los cuadernos. Es lógico porque, como estás contando, es donde tenía toda su creatividad condensada.
Claro, todas sus esculturas venían de un dibujo plano. Pero en cuanto al color, sí que iba improvisando un poquito sobre la marcha. Iba añadiendo color progresivamente en diferentes opciones, hasta llegar a lo que quería. En esa parte sí que era más libre. Pero lo que es la parte de la estructura de la forma lo tenía clarísimo. Ahí no había margen.

Su escultura se formaba, básicamente, de forma, textura y color.
Sí, cuando construía una escultura, si quería resaltar una parte la ponía más rugosa, otras las alisaba. Y luego, una vez cocida la pieza, le iba añadiendo barnices o engobes. En ocasiones había colores que no le gustaban y ponía otro encima, o se quitaban con la máquina y se ponían otros. Se solían cocer siempre varias veces.

Recuerdo en alguna película que salíais en el taller precisamente diciendo eso, al abrir el horno: “esta, yo creo que ya la hemos cocido demasiadas veces…”
Sí, sí. Es que a veces cuando ponías muchas capas de barniz, pues aquello empezaba a burbujear, en las esquinas ya no podías quitarlo con la máquina, entonces esa pieza realmente…, pero eran muy pocas, en realidad, la mayoría de piezas salía adelante.

Aparte de los cuadernos, Mestre enseñaba con mucho orgullo sus armarios de pruebas de esmaltes. ¿Eran investigaciones antiguas o esos eran los que usaba en sus esculturas?
Se pasó durante años investigando esmaltes. Estuvo en Francia de joven y también lo había practicado en la escuela. Investigó mucho y todo eso lo iba usando. Decía, “mira, aquí voy a poner un tenmoku“, ibas al armario y elegía un tenmoku, sacaba el número, que estaba en un cuaderno y en una página concreta y lo usaba. Esas fórmulas las usaba de diario.

Volviendo una vez a vuestra relación. Hablabas de tu trabajo como ayudante, haciendo trabajo de taller y todo esto pero él, ¿tenía presente la influencia que podía tener en ti? ¿Hablaba de tu obra. Hacía, digamos, función de profesor, de maestro?
Sí, sí, me decía, claro que me decía. Porque a veces le enseñaba las obras y discutíamos y me decía eso funciona, eso no funciona. Es que siempre fue así, siempre fue mi profesor y siempre aprecié mucho sus comentarios, claro. Y a veces discutíamos, claro.

Recuerdo que en una ocasión me sorprendió el interés con el que se le podía ver charlando de arte, incluso con ceramistas muy jóvenes, muy atento a lo que le decían. Aunque él siempre había tenido sus ideas muy claras.
Sí, eso siempre, a todo el mundo que conocía o que iba por el taller siempre lo trató con muchísimo cariño y respeto y jamás sentí que fuera prepotente, todo lo contrario. Siempre se ponía a la altura de todo el mundo. Lo que pasa es que sí es cierto que tenía las ideas muy, pero muy claras, y si había algo que no le gustaba, enseguida le gustaba discutir. Y no se callaba. En alguna ocasión hubo algún tipo de polémica o discusión con alguien. Si te lo decía algo, aunque sonara duro, realmente es porque te apreciaba.

Enric era uno de los pocos profesores que realmente han creado algo parecido a “una escuela”, muchos de sus antiguos alumnos se dedican al arte, han desarrollado una carrera y tienen un sitio importante de la cerámica actual.
Sí, cuando estábamos en la escuela era súper exigente, pero al mismo tiempo nos daba libertad y todas las herramientas para que nuestros trabajos saliesen adelante, y realmente nadie de sus alumnos ha hecho cosas parecidas a las suyas, cada uno ha tenido su línea. Y él siempre fue muy respetuoso en eso, para él era sagrado no meterse con la parte creativa, lo que sí quería es que lo tuvieses claro: busca tu camino y no te distraigas. Eso sería.

Era uno de esos artistas que, una vez encontrada su voz, ya no la varió apenas en su carrera.
Se ha tirado 40 años haciendo un tipo de escultura muy en su camino y desarrollándola sin hacer variaciones, sin giros. El camino lo tenía claro, lo que ha hecho durante toda su vida es seguirlo. Y estaba feliz, era metódico.

Una vez le oí decir que en la línea recta es donde está toda la expresividad. Y si no está bien hecha, si no está perfecto el ángulo deja de tener fuerza expresiva.
Mestre tenía súper claras lo que son las formas y proporciones y el poder de las aristas y los espacios. Es un lenguaje que tenía totalmente controlado. Normalmente mostraba sus mejores obras, pero hay series enteras de esculturas que no han salido de su taller, porque no pasaban su control. Y son piezas que están ahí, se han hecho y de ahí no han salido.

Y la pintura ¿la trataba de la misma forma o el proceso era más íntimo?
Trabajaba igual. Tenía períodos en los que se cansaba un poco de la cerámica y pintaba más. También en los últimos años porque se sentía peor físicamente. Durante muchos periodos pintaba continuamente. Tiene miles de cuadros y ha tenido muy poquitas exposiciones porque, no sé…, quizá la parte escultórica eclipsaba un poco a la pintura.

La mayoría de las veces pintaba el cuadro, lo enmarcaba y ¡lo guardaba! Es como trabajar exclusivamente para ti.
Sí, y lo mismo puedo decir de las esculturas. Solamente mostraba las mejores piezas. Realmente la mayor parte de su trabajo lo guardaba: se hacía una pieza ¡y a la estantería! Te puedo decir que estando en el taller había semanas que yo cada mañana montaba una pieza y él la terminaba por la tarde.

¿Todas esas miles de piezas están catalogadas?
Hay piezas que yo ni he visto, la cantidad de obra es inabarcable. Se han publicado muchos libros, pero la obra no está catalogada. Realmente él nunca se preocupó de hacerlo, todo lo que quería era producir.

¿Qué te gustaría que pasara con el legado de Enric Mestre?
Bueno, el tiempo lo dirá. Se dijo algo de una fundación, pero no sé si al final se hizo, creo que no. Realmente el legado es la cantidad de obra, y esa cantidad es tan grande que es muy difícil que una familia, incluso con amigos y todo, se pueda hacer cargo de eso. Tendría que ser una institución, un movimiento o un gobierno Es un trabajo ingente: catalogar, conservar y mantenerlo todo. Ojalá en un futuro próximo se pueda hacer

¿Qué significó para ti encontrarte con Enric?
Desde niño fui un estudiante terrible, me iba fatal en el colegio y en la adolescencia abandoné mis estudios y me busque un trabajo, pero luego volví a estudiar porque realmente no quería trabajar desde tan joven. Y realmente Enric fue el primer profesor y el único que realmente confió en mí y fue capaz de ver mi potencial. Por eso realmente todo lo que sé, todo lo que he hecho ha sido gracias a él. Así de simple y así de fuerte.

Él hablaba de ti con un orgullo tremendo.
A mí no me lo decía mucho, pero es cierto, yo lo sabía porque la gente me lo contaba. Éramos bastante reservados y eso. Pero sí, yo lo decía en público y él lo sabía: “era como mi padre”.


Los cuadernos de Enric Meste

Los cuadernos de Enric Mestre

Enric Mestre durante un curso organizado por Rafaela Pareja

Enric Mestre durante un curso organizado por Rafaela Pareja en Vinalesa (Valencia)

Obra mural de Enric Mestre

Pieza mural de Enric Mestre. 43.5 × 31 cm. Colección particular.

Obra mural de Enric Mestre

Pequeña escultura de Enrique Mestre. 22 × 14 × 4,7 cm. Colección particular W.V.


Más información sobre Juan Ortí: @juan_orti_


Se prohíbe el uso de texto y las imágenes de este artículo, que se publican en Infoceramica exclusivamente para la promoción de la obra del artista, queda prohibida su reproducción sin permiso expreso. Infoceramica agradece a Juan Ortí por la ayuda prestada.


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