Oferta - Suscripción a Infocerámica
International School of Ceramics in Tuscany

Ruth Krauskopf. Mi año como alumna de Voulkos

0

Pieza de cerámica de Peter Voulkos

Trabajar, aprender y compartir experiencias con los grandes genios del arte es sin duda un privilegio. La ceramista chilena Ruth Krauskopf comparte con nosotros  sus vivencias sobre el año durante el que tuvo a Peter Voulkos como profesor en la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos).

En los setenta, mi familia y yo vivíamos en Caracas, Venezuela. Se acercaba un año sabático de mi esposo, Miguel Kiwi, quien es físico. Generosamente me preguntó dónde en Estados Unidos había algo de interés para mí, de forma  que yo también aprovechara ese tiempo en mi formación como ceramista.

Debo confesar que en ese entonces mi cultura cerámica era bastante reducida y tenía poca información sobre escuelas de cerámica donde pudiera profundizar mis conocimientos. Pero había visto en un libro un plato que me había conmovido y entusiasmado. No sabía quien era el autor. Busqué y era Peter Voulkos. Tampoco sabía yo quien era  Voulkos. Pero averigüé su dirección y le escribí si era posible ser su alumna en Berkeley, donde enseñaba cursos de postgrado. Berkeley era un buen lugar para que Miguel pasara su año sabático, ya había ido en varias oportunidades y para él fue fácil arreglarlo. Mientras, yo  esperaba una respuesta a mi carta, la que nunca llegó.

Los dados ya estaban lanzados, así que partimos con nuestros hijos pequeños a Berkeley.

Yo, a esas alturas de mi vida ya era una adicta a la arcilla. Llegando a Berkeley, ansiosa de hundir mis manos en el barro, me hice miembro de un taller colectivo, trabajaba ahí mientras llamaba y llamaba por teléfono a Voulkos. Nunca podía venir al teléfono. Pero no desistí y seguí llamando. Un día me respondió y me citó inmediatamente a la Universidad.

Cuando entré a su oficina, como durante todo el año académico que pasé en su taller, fue amable conmigo. Balbuceó que le pasara las fotos. Las miró al revés. Me dijo, dando muestras de su generosidad, puedes venir a trabajar 24 horas al día. Inmediatamente abandoné el otro taller.

Luego me daría cuenta que Voulkos era el ser menos verbal que he conocido en mi vida, que había sido una locura esperar que respondiera una carta, menos aún en esos tiempos que requería el trámite de un sobre y estampilla. Ir al correo.

La primera clase fue una demostración de siete horas. Una mujer costarricense, de la que lamentablemente no recuerdo el nombre, le centraba una gran cantidad de pasta en el torno eléctrico. Ella era joven, tenía pelo blanco y cada ojo de otro color. Me impresionó la facilidad con que centró la pasta y como bromeaba con el maestro con el que tenía gran sintonía.

Cante jondo (fondo musical que siempre hubo durante sus demostraciones) a todo volumen. Vino y pizza para los alumnos. Peter, desnudo de la cintura para arriba,  una flor, que si mal no  recuerdo era plástica, en el sombrero,  torneaba grandes platones, uno tras otro. Tomaba  vino, bromeaba, exclamaciones y carcajadas por doquier. Ocasionalmente tiraba trozos de pasta húmeda a los asistentes.

Yo había estudiado  en la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile donde había tenido como profesor de cerámica al escultor Luis Mandiola. He tenido mucha suerte en mi formación como ceramista y esta suerte comenzó  estudiando con Mandiola, que transmitía pasión y cariño por la arcilla, un sentido de calidad de la obra, además de que la ubicaba siempre en el contexto del arte. Pero siempre se había mantenido una cierta distancia, aunque informal entre alumnos y profesor.

Aquí en el taller de Berkeley, con Voulkos era distinto. Nos encontrábamos ante un genio, pero él no guardaba distancia, todo era como una fiesta en medio de la que el estaba torneando con gran virtuosidad, a la vez que actuaba como un showman. 

“Siguió torneando, la sangre corría, él no se percataba y, sumado al cante jondo a todo volumen, todos los presentes ingresábamos a  una vorágine extraña”

En esos tiempos yo era, por decirlo de alguna manera, una tímida con convicciones. Creo que aún mantengo algo de eso, pero mas matizado. Regresé a mi casa con dolor de cabeza, no sabiendo como iba a encajar en ese ambiente, pero con absoluta conciencia de que sin saberlo, había elegido como profesor a un gran artista y por nada del mundo iba a desperdiciar esta gran oportunidad.

Me hipnotizó la forma como Voulkos abordaba el material, atento a cada detalle, a pesar que lo manipulaba como si sus manos fueran torpes. No lo eran. No se le escapaba nada. Una sensibilidad finísima combinada con una expresión volcánica.

Dos días después continuaba la demostración. Esta vez el ambiente era totalmente distinto; eso sí, el cante jondo a todo volumen seguía ahí. Voulkos observaba su trabajo en forma  seria. Dialogaba en silencio con la materia, tomaba las pistas que esta le daba y siguiendo ese hilo las intervenía. Ahora el ritmo era lento, la mirada concentrada y calma. Luego el gesto certero. Cuchillo, espátula, rápido un corte. Perfecto. Donde tenía que estar y en ningún otro lugar.  En esos momentos el corazón me latía a mil por hora. Ese segundo era esencial en el carácter de la obra. Voulkos nunca corregía.

La pasta se mezclaba en forma especial para Voulkos, una fórmula con mucho grano que no se pasaba por extrusora para mantener su carácter abierto. Esa fue la primera gran influencia sobre mi trabajo que tuvo Peter Voulkos. Una pasta que respirara. Dejaba, incluso hasta que saliera del horno, que siguiera respirando. No es fácil. Y Voulkos fue un genio, como en muchos otros aspectos, en su percepción de la materia.  A mi me marcó. Y no he podido, en toda mi vida de ceramista, dejar de buscar plasmar ese hálito vital en ella.

En una de las demostraciones vi como Voulkos  accidentalmente se cortaba con profundidad la palma de la mano. Siguió torneando, sangre corría, él no se percataba y, sumado al cante jondo a todo volumen, todos los presentes ingresábamos a  una vorágine extraña. La intervención precisa: entonces la obra, aún con la humedad que las hace ver tan vivas, transmitía su fuerza y un encuentro entre intuición y garra que ha caracterizado todo el trabajo de Voulkos. Fuerza, intuición, sensibilidad, audacia. Sin concesiones.

El 80/81 fue para mí un año importante. Verlo trabajar un privilegio.

Años mas tarde me reencontraría con el en Anderson Ranch Arts Center, en Colorado. Voulkos estaba mayor, mas tranquilo, su obra sin embargo cada vez mas inquieta. Su salud ya no era buena. No estaba muchas horas en el taller. Peter Callas le centraba la pasta ahora.

Voulkos recorría la obra con mirada de águila, no se le escapaba detalle, ninguna sombra que se produjera estaba ahí por casualidad.  Un rigor llevado al extremo.

Ron Meyers que estaba a mi lado me comentó: “Todo ceramista debiera  ver a Voulkos trabajar una vez al año.” Lamentablemente ya no podemos hacerlo.

Ruth Krauskopf

——————————————————————————————————————————————————–

Ruth Krauskopf

Nace en Valdivia (Chile) en 1944. Estudia en la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, en cuyo taller de cerámica fue alumna de Luis Mandiola.  En 1974 se traslada a Venezuela donde permanece hasta 1983, con excepción de los años 1980 y 1981 en los que estudia escultura en cerámica con Peter Voulkos en la Universidad de California, Berkeley.

Regresa a Chile en 1983 y al año siguiente crea el Taller Huara Huara, donde actualmente trabaja y enseña. Ha realizado exposiciones individuales y participado en más de cincuenta colectivas en Chile y el extranjero. Tiene obras en espacios públicos y en numerosas en colecciones privadas. Las principales revistas de cerámica del mundo han publicado artículos sobre su obra.

——————————————————————————————————————————————————–

Peter Voulkos y Ruth Krauskopf

——————————————————————————————————————————————————–

El taller Huara Huara tiene ya una trayectoria de treinta años. Es un centro de referencia en la cerámica contemporánea de Chile, con cerca de cuarenta ceramistas implicados en su desarrollo. Bajo la dirección de Ruth Krauskopf organiza exposiciones, talleres y seminarios con ceramistas internacionales y feria s de cerámica.

Además publican la revista Esteka, en la que se puede conocer la cerámica chilena y latinoamericana principalmente.

Créditos fotográficos. Fotos de Peter Voulkos: Schopplein Studio, Gabriel Seri, Vicki Phung-Smith. Fotos de Ruth Kuauskopf: de la propia artista.

Infoceramica.com agradece a la Galería Frank Lloyd (Santa Monica, California, Estados Unidos) por la ayuda para la publicación de este artículo, así como por la concesión de los derechos necesarios para la utilización de fotos.

Las fotos de Peter Voulkos se publican con el permiso expreso de la Galería Frank Lloyd, (Courtesy of the Peter Voulkos Estate) exclusivamente para edición de este artículo, no se pueden reproducir ni separar del contenido del mismo.

 

 

Print Friendly

Otras entradas de la misma categoría en Infocerámica:

Responder