International School of Ceramics in Tuscany

Cristina Guzmán Traver

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Pieza de cerámica de Cristina Guzmán Traver

Cristina Guzmán es una ceramista valenciana que no se encierra en el mundo estético, sino que plantea su obra artística como expresión personal, en la que no faltan las referencias a todo lo que le interesa, e incluso lo que le indigna. La historiadora Maite Ibáñez Gimenez nos ofrece un acercamiento en este artículo al mundo de la artista y sus motivaciones.

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Huellas, surcos y convivencias:
La escultura de Cristina Guzmán Traver como representación social

por Maite Ibáñez Giménez

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“El detalle de una cosa puede ser el signo de un mundo nuevo, de un mundo que,
como todos los mundos, contiene los atributos de la grandeza”.

Gastón Bachelard

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Las manifestaciones del arte comprometido forman parte del proceso de percepción del día a día, desde la labor comunicadora y el espíritu crítico. La naturaleza de la representación artística permite así, vivir la experiencia desde un lenguaje personal y social. En este sentido, los trabajos de Cristina Guzmán Traver defienden la vida construida desde los valores y, a partir de la mirada, como artista y como mujer, trazan su propia voz.

Proyectadas desde unos comienzos con estructuras de metal, madera o cemento, sus esculturas se consolidan en torno al barro, convirtiéndose en el material más importante en su trayectoria artística. Todos los ingredientes creativos aportan información desde la esencia de las obras, y la razón del barro nace de su textura, su color y su calidez. Símbolo del origen de la materia, Neruda escribió que el hombre fue “párpado del barro trémulo” (1) y su presencia nos pone en contacto con nuestra identidad en la tierra. De esta forma, la artista compone la obra, tejida de procedimientos, técnicas y materiales, pero expresada, desde el principio, en forma de mensaje. Porque para Cristina Guzmán la belleza, en gran parte, reside en la fuerza de la comunicación, cuyo germen comienza desde el mensaje.

Asimismo, la artista conceptualiza el sentido del proceso de la obra, donde el medio y todas las fases de preparación, no participan ajenos al lenguaje. Los surcos, huellas e imperfecciones que el fuego petrificará para siempre, son conductores de sensaciones más allá de la materia, en las que la autora incorpora, además, la actitud: Paciencia y tiempo. Como definía el profesor Román de la Calle en el texto de la reciente exposición de Enric Mestre: es “el cálculo y la calma de la espera” (2).

Desde el respeto por la naturaleza de los materiales y el equilibrio de los volúmenes, Cristina Guzmán nos expone su mirada del mundo. Lo comprobamos a través de las piezas como Ulls de fang, Burka, Dones atrapades, donde denuncia la represión de las mujeres en países como Afganistán, y Diferents. Una forma d’entendre el món, en apoyo al multiculturalismo y la convivencia.  Estos planteamientos nos conducen a la articulación de sus pautas, sostenidas desde la evolución personal y artística.

Por otra parte, muchas de sus obras representan arquitecturas imaginadas cuya esencia reflexiona sobre la propia comunicación entre las personas. La poética del espacio permite el diálogo entre la construcción formal y las aportaciones del entorno. El recinto se plantea desde lo cálido y lo doméstico, y es entonces cuando la casa surge como una pequeña escultura habitada (3). Lo vemos, por ejemplo, en Xemeneies y en La casa del cos, donde la cerámica, como símbolo de permanencia, adquiere el revestimiento nacido de su propio color. La estructura es sencilla, sin adornos. El resto de detalles lo componen las historias que contiene esa casa.

Resulta inevitable despertar una asociación que vincule la obra de Cristina Guzmán con la de otros artistas. Desde su reconocimiento a los dos maestros de la escultura cerámica: Arcadi Blasco y Enric Mestre, consideramos que la experimentación con texturas y materiales, y la relación de la mujer con el arte, le acercan a los trabajos de Elena Colmeiro. Aunque, desde el punto de vista formal, el vínculo más sólido le aproxima al minimalismo lleno de sugerencias de María Bofill. El interés por los objetos pequeños y su calidad de ejecución, el color azul en algunas de sus obras (Els contenidors blaus o Carta a un amant), permite establecer una relación entre ambas, como mujeres mediterráneas.

El propio desarrollo a través del estudio de la técnica, los  diferentes métodos de cocción y la integración de nuevos soportes, han conducido a la artista a crear instalaciones como Cartes al vent, donde, además de la poética del espacio de la sala, incorpora al discurso nuevos ingredientes como el papel y  el texto. Posteriormente, comienza a expandir sus esculturas para explorar la integración con la fotografía, el dibujo y otros soportes. Es, en definitiva, su representación de la vida, abordada desde la pauta de los materiales y su diálogo con el medio.

La importancia del gesto, como argumento de referencia de la realidad social, está implícito en la representación de la escultura de Cristina Guzmán, a través de los grupos de piezas, transfiriendo el sentido de colectividad que refuerza los valores solidarios y sociales. Podríamos hablar de un sentido plástico del bien común que define la convivencia desde la igualdad y el respeto. En la actualidad, la autora continua expresando su apoyo por la cultura, a partir del proyecto surgido tras leer en los medios el cierre de diversas librerías. Tal y como afirmaba, David Cases, Presidente del Gremio de Libreros de Valencia, “leer es acceder a la libertad”, y Cristina Guzmán reactualiza su discurso para abrir sus esculturas al mundo. Conocida por sus gestos comprometidos y solidarios desde sus aportaciones plásticas, la artista busca transmitir sueños y utopías a través de sus manos porque, nos cuenta, “es una necesidad personal”.

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  1. PABLO NERUDA, del poema Amor América, “El hombre tierra fue, vasija, / párpado del barro trémulo, forma de la arcilla […]”
  2. Exposición: Enric Mestre. Entre la intuïció la geometria i el misteri, Almudín, Valencia, 2013.
  3. Esta valoración nos recuerda la afirmación de Brancusi, cuando explicaba que una obra de arquitectura debía convertirse en una escultura habitada. En: Ionek Jianou, Brancusi, Londres Adam Books, 1963, p. 68.

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Maite Ibáñez Giménez es Dra. en Historia del Arte por la Universidad de Valencia.

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Cristina Guzmán Traver

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Enlaces:

www.cristinaguzman.com

http://cristina-guzman.blogspot.com.es/

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Se prohíbe el uso de texto, que se publica en Infoceramica con permiso del autor. Infocerámica agradece la ayuda prestada por la propia Cristina Guzman por la ayuda prestada para la publicación de este artículo. Las fotos se publican exclusivamente para la promoción de la exposición la obra del artista, queda prohibida su reproducción sin permiso expreso del autor.

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