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Betty Woodman (1930 – 2018)

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Escuela Nacional de Cerámica - Talleres 2018

El pasado 2 de enero falleció a los 84 años la ceramista norteamericana Betty Woodman, una de las últimas representantes de la época en que la cerámica se transformó de la mano de esta y otras artistas

Betty Woodman se vió atrapada por la cerámica desde que, a los 16 años, conociera las posibilidades creativas del barro en Nueva York. A principios de los años cincuenta trabajó produciendo cerámica, pero pronto descubrió que lo que realmente le inspiraba era trabajar fuera de su taller. Viajar fue una parte importante de su vida, siempre acompañada de su marido, el pintor George Woodman. La familia fue, como ella misma reconocía, una parte inseparable de su experiencia como artista, por lo que la temprana muerte de su hija, a los 22 años,  fue un golpe que tuvo su respuesta en un cambio en su trayectoria artística.

Betty Woodman se integró artisticamente en el movimiento denominado “Pattern & Decoration”, que supuso, a mediados de los setenta, un intento de escapar de la corriente principal del arte norteamericano de aquel momento, y lo hizo utilizando referencias que entonces no solo eran ignoradas, sino incluso consideradas como ajenas al arte, como la decoración, la repetición de patrones o el uso de técnicas como los textiles o la cerámica. Este movimiento tuvo un importante componente feminista y se integraba habitualmente en los espacios y las salas, más que en cuadros o esculturas.

Y eso es exactamente lo que hacía Betty Woodman: durante las últimas décadas combinaba las formas arquitectónicas y cerámicas de su amada Italia, de la Roma clásica y del arte etrusco con la colorista decoración y la interacción de la cerámica con las paredes. En otras ocasiones jugaba con la representación de la vasija, haciendo que su cerámica “representara” una vasija, en lugar de serlo directamente.

Este movimiento, y en consecuencia también la obra de Woodman, fue infravalorado por la crítica norteamericana, en un momento en que el feminismo no estaba bien visto como catalizador de la obra artística, más aún cuando estas obras, y podemos fijarnos en las cerámicas e instalaciones de Woodman, erán alegres, coloristas, se integraban en las salas de forma armoniosa y feliz, no buscaban un mensaje político directo, sino que ponían en valor todo lo que la sociedad asociaba a “lo femenino”, como la decoración, las manualidades, los patrones decorativos o florales. Las artistas como Woodman le daban la vuelta a este supuesto “mundo femenino” y lo convertían en poderosas creaciones. (Es curioso constatar que Betty Woodman se refirió en una ocasión al entorno de Peter Voulkos como un mundo muy “macho”  ̶ “It was macho” ̶ .)

Hasta sus últimos días, Betty Woodman continuó repartiendo su tiempo entre Nueva York y Florencia y montando sus exposiciones, que ella entendía como una parte más del proceso creativo, hasta el punto de que en muchas ocasiones eran instalaciones que ocupaban las paredes y los suelos de las salas. Hace ahora algo más de un año pudimos ver en Madrid una de estas instalaciones en la Casa Encendida, dentro de la exposición colectiva titulada “El curso de las cosas”.

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Las fotografías se publican exclusivamente para la promoción de la artista.

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