Fernando Malo. Mudéjar Siglo XXI

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Cerámica de Fernando Malo

Del 3 de septiembre al 15 de noviembre se puede visitar en la Galería A de Arte, de Zaragoza, la exposición, titulada -Mudéjar Siglo XXI. Un sello indeleble-, del ceramista aragonés Fernando Malo, como parte del programa de CERCO 2020

 Fernando Malo. Mudéjar Siglo XXI

Wladimir Vivas

Fernando Malo (Zaragoza, 1957) se formó como ceramista en la Escuela Massana, de Barcelona, entre 1976 y 1981. A su vuelta a Zaragoza, en 1982, participó en la fundación del colectivo «Cerámica y Ceramistas», que fue el origen de las actividades de la Plaza San Felipe, un hito en la historia de la cerámica en Aragón. También formó parte del comité organizador de la Feria Internacional de Cerámica CERCO. Desde 1991 trabaja también en proyectos de restauración, con intervenciones en monumentos como la Aljafería, la Catedral de Zaragoza, la torre de Utebo o la Alhambra de Granada, lo que le posibilitó conocer de cerca la cerámica mudéjar hasta convertirse en uno de los más importantes especialistas de este estilo en el ámbito de la cerámica.

Este conocimiento le ha llevado, desde hace años, a incorporar la imaginería y el sentido del mudéjar en sus obras artísticas, actualizando un estilo hasta conseguir extraer su esencia. El mismo artista nos comenta, con motivo de la exposición “Mudéjar S. XXI” que “(…) trato de plasmar en una obra lo que he aprendido; en este caso esta obra es de cerámica, que es la parte que yo conozco del mudéjar y que me transmite muchas cosas a nivel cultural y técnico; luego yo me expreso como cualquier otro artista, en este caso con el barro, pero siempre con libertad, con la deconstrucción, dando forma y volumen al azulejo que siempre concebimos como algo plano.”

Efectivamente, quizá lo más interesante de esta obra no sea la reinterpretación del mudejar sobre obra plana, lo que parecería lógico tratándose de estudios sobre la azulejería mudéjar. Lo que lleva esa imaginería mudéjar a otra dimensión, afrontando otros retos. “Mi forma más especial es la jarra, que me sirve como motivación para recrear lo que yo quiero, porque la jarra para mi es la forma más internacional, la que se encuentra en todas las culturas: hay jarras de mil formas y de mil colores o decoraciones. Todas parten de lo mismo: un recipiente, un volumen, tres dimensiones, un pico para verter y un asa. El asa es lo que da fuerza a esas tres dimensiones y personalidad, es como si estuvieras dibujando en el aire.”

A mi comentario sobre el hecho de que, al contrario que cuencos, platos o jarrones, no se ven muchas jarras en las reinterpretaciones que los ceramistas contemporáneos hacen de las formas tradicionales, responde: “estas son jarras inútiles. Una jarra sirve para algo, pero cuando yo las concibo me sirven como inspiración estética y me da mucho juego, es infinito.”

La génesis de esta muestra está en una residencia que Malo realizó en la localidad francesa de Saint Quentin la Poterie (Francia), de ahí vienen lo títulos de sus obras y series: “Empecé con Saint Quentin, yo vivo en San Mateo, y eso me ha marcado a la hora de bautizar mis jarras, esculturas o vasijas. La siguiente serie la hice en noviembre, que era San Andrés, y la siguiente fue para San Juán, en junio, en plena pandemia, y San Roque ha sido la última, ya en agosto. Es una manera de bautizar y de relacionarme con el santoral y además ¡no se me acabarán los nombres jamás! Aunque yo no soy católico practicante esto es algo que también forma parte de nuestra cultura. Son tandas de trabajo que hago, de 10, 15 o 20 piezas, pero el nombre es solo la referencia a la fecha en que las hago, no tiene otra motivación.”

Charlamos con Fernando sobre la dualidad que afrontan los ceramistas respecto a su trabajo de carácter más artesano, los encargos o la restauración y, por otro lado, el que se convierte en una expresión más personal; nos comenta que, después de más de treinta años, es capaz de diferenciar estos trabajos: “es la pasión por el material, como se suele decir: un artesano con rabia es el que se convierte en artista.”

Fernando Malo puede estar orgulloso de haber aprendido de la tradición, de la restauración y también de un conocimiento de la cerámica contemporánea internacional. Quizá, como él mismo nos dice, no esperaba hace treinta años estar a este nivel, haber aprendido tanto y seguir disfrutando, pero eso es exactamente lo que se intuye viendo las luminosas piezas de esta exposición: alegría, alguien disfrutando de los diferentes procesos cerámicos, muchas ganas de compartir esa alegría de la creación pura, pero también un interés por traducir la esencia del mudéjar a un lenguaje contemporáneo.

Como despedida Fernando nos dice algo que puede ser una esencia del trabajo en cerámica: “te da esa emoción de trabajar con el sistema de prueba/ensayo, por eso sigues practicando, y con más libertad cada vez.”


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