Esmaltes Hagi

by Infocerámica

Cuenco Hagi para la ceremonia del té (“Chawan”). Periodo Edo (Siglo XVII). Colección del Museo Uragami, Japón.

La cerámica Hagi es una de las tradicionales de Japón más apreciadas para la realización de cuencos para la ceremonia del té. Este tipo de esmaltes es muy sencillo en su composición pero muy sensible a las diferencias de materiales

Texto: Wladimir Vivas

Como en otras muchas técnicas y esmaltes de la tradición cerámica japonesa, el origen de los esmaltes Hagi proviene de la llegada de ceramistas coreanos a la ciudad de Hagi, en la prefectura de Yamaguchi, después de la invasión militar que a finales del siglo XVI sufriera la península de Corea, a consecuencia de la cual fueron secuestrados y llevados a Japón un gran número de artesanos, que fueron el origen de nuevas formas de cerámica, una de ellas la conocida como “cerámica Hagi” (“hagi yaki”).

Hasta la restauración Meiji, en 1868, la dinastía Mouri mantuvo a un número de ceramistas trabajando exclusivamente para proveer a la nobleza de piezas de cerámica para la ceremonia del té. Después de la restauración, que supuso el final de la estructura política el “Shogunato”, los ceramistas se distribuyeron por diferentes lugares y continuaron haciendo el tipo de cerámica Hagi, que se ha mantenido desde entonces.

Cuenco Hagi para la ceremonia del té (Chawan), 1684. Art Research Center, Ritsumeikan University

Esta cerámica ha sido muy apreciada por los maestros del té, hasta el punto de existir un dicho popular en Japón: “primero Raku, segundo Hagi y tercero Karatsu”, que muestra claramente el aprecio de estas tres tradiciones.

La cerámica Hagi implica no solamente el uso de los característicos esmaltes, sino también la preparación de una pasta cerámica concreta, en la que se mezclan diferentes tipos de barros con el fin de conseguir una pasta rojiza que será determinante en el aspecto de la pieza final.

Los esmaltes, que pueden ir desde el crema hasta el blanco, incluso tener reflejos rosados y zonas más tostadas, así como presentar un aspecto que va desde la acumulación de gruesas capas de esmalte, incluso recogido en gotas durante la cocción, hasta el aspecto característico de los esmaltes fluidos de ceniza. Son muy apreciados los cuencos que, debido a su uso, presentan craquelados teñidos por el té. Es curioso como se pueden encontrar cuencos con algún desperfecto, que se supone que hacían los propios alfareros para que esas piezas “defectuosas” no podían ser presentadas a los señores del clan Mouri durante el periodo Edo, por lo que podían ofrecerlas a otros compradores.

Cuenco Hagi para la ceremonía del té “Kan’un”, Periodo Edo, Siglo XVII. Art Research Center, Ritsumeikan University

Esmalte

La receta clásica del Hagi contiene exclusivamente feldespato y cenizas, consiguiendo las diferencias en el esmalte cambiando las proporciones y materiales utilizados. También es muy destacable la influencia de las largas cocciones de los hornos, principalmente noborigamas, que solían utilizarse, dado que la ceniza proveniente de la cocción interactúa con el esmalte.

De este modo, encontramos que, con solo dos elementos, los esmaltes Hagi tienen, no obstante, una gran variedad. lo que supone que, para el ceramista actual, el uso de esmaltes Hagi permite la experimentación mediante la prueba y error, siendo perfectos para el desarrollo de esmaltes mediante las líneas de mezclas y el uso de diagramas triaxiales.

Cuenco Higa para la ceremonia del té (“Chawan”), 2003. Miwa Jusetsu (Kyusetsu XI: 1910-2012). Art Research Center, Ritsumeikan University.

Para estas pruebas habrá que utilizar diferentes tipos de feldespatos, de diferentes procedencias y distinto comportamiento en fusión, también nefelinas, pegmatitas o “Cornwall Stone”, así como diferentes tipos de cenizas. Originalmente se utilizaban cenizas de paja de arroz, de alto contenido en sílice, a veces mezcladas con otros tipos de cenizas vegetales; por tanto, si el componente principal de las cenizas utilizadas es de otro origen, es posible que sea necesario añadir más sílice a la receta del vidriado para obtener resultados satisfactorios.

También tenemos la posibilidad de utilizar cenizas lavadas y sin lavar, o la mezcla de ambas. Las cenizas sin lavar son más fundentes que las lavadas, y, generalmente, aportan algo de coloración al vidriado.

Jarro para el agua, cerámica Hagi, 1973. Miwa Kyuwa (Kyusetsu X, 1895-1981). Art Research Center, Ritsumeikan University.

Así pues, con una receta de tan solo dos componentes, tenemos la oportunidad de probar a obtener diferentes resultados con variaciones de materias primas de distintos orígenes, sus porcentajes y la cocción.

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[tab title=”Esmalte Hagi”]

Una receta clásica de esmalte “Hagi” sería probablemente la siguiente (en volumen): dos medidas de ceniza de arroz, una medida de ceniza de madera y una medida de feldespato. Esto nos presenta varios problemas; por ejemplo, ¿hablamos de ceniza de paja de arroz o de cascarilla de arroz? la cascarilla, utilizada industrialmente, tiene un contenido mucho mayor de sílice. ¿Qué tipo de ceniza de madera debemos usar? ¿Que tipo de feldespato?

Sobre esta base se puede empezar sustituyendo la denominada “ceniza de arroz” por sílice, probar cenizas de diferentes plantas o árboles, probar tanto feldespato potásico como sódico o nefelina, y añadir un pequeño porcentaje de bentonita (hasta un 2%).

Este es un esmalte de cono 10 (1.280 ºC aprox.), puede variar dependiendo de las impurezas, especialmente de la ceniza de madera, por lo que también habrá que probar a lavarla, al menos en parte. Las posibles impurezas de hierro podrán provocar azules tipo esmalte “Chun” (que pueden ser muy bonitos, pero no es lo que buscamos en esta ocasión)

Por último, una variante directamente de Shoji Hamada (por volumen):

Rice Ash……….4
Ceniza de madera..3
Feldespato……..3

Este esmalte se publico en el libro “Hamada: Potter”, de Bernard Leach.

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Cuenco Hagi para la ceremonia del té (“Chawan”) “Musashino utsushi”. Período Taishō, primera mitad del siglo XX. Sakakura Shinbei XII (1881-1960). Art Research Center, Ritsumeikan University


Fotografías de Shimose Nobuo para el Art Research Center, Kyoto, Japón. Del proyecto Google Arts Culture. Infocerámica agradece a Maite Larena por su ayuda en la realización de este artículo

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2 comments

Ana-Belén Montero 22 de junio de 2017 - 13:12

Muchas gracias, Wladimir! Este artículo concuerda totalmente con las actuales experiencias que estoy haciendo en mi horno de leña – el campo de investigación es prácticamente infinito ya que no se trata solamente de combinar diversos tipos de cenizas sino que, además, según el lugar donde la madera (o el arroz o el maíz, etc) hayan crecido, los componentes finales del esmalte serán diferentes. Tengo por ejemplo un esmalte Hagi clásico en el que sólo he variado el origen de la madera de roble, con cenizas lavadas: los robles de Bretaña (Francia), Normandía (Francia) y los robles de Bélgica dan resultados muy distintos! Una amiga ha ido hasta preparar esmaltes con ceniza de vegetal (helecho, si me acuerdo bien) recogido en primavera y en otoño para comparar: los resultados son también muy diferentes! Nos encontramos así en un campo extraordinariamente diversificado por estar íntimamente conectado a la naturaleza y a la vida.

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Infocerámica
Infocerámica 22 de junio de 2017 - 14:03

Gracias Ana Belén, mi interés por este tipo de esmaltes es la posibilidad de hacer esmaltes realmente únicos e íntimamente relacionados con el lugar en el que se hace, con su naturaleza y geología, además ¡a mi me parecen muy divertidos de investigar!

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