
Chûroku IV (Furutani Hiromu). Tsubo, 1984. Vasija de almacenamiento de estilo “Shigaraki”, 26 × 22,5 cm. Exposición en el Museo de Arte de Asia Oriental de Colonia (Alemania) en 2006. (Foto: Marcus Müller).
Presentamos una nueva sección de Infoceramica, que tenemos intención de mantener de forma permanente. Este artículo muestra lo que esperamos ofrecer, que no es otra cosa que una herramienta para el mejor entendimiento de una de las culturas más influyentes en la cerámica de Occidente y que, sin embargo, en ocasiones sigue siendo una desconocida
Yakimono en Infoceramica (*)
Wladimir Vivas
La cerámica creativa de gran parte del mundo, especialmente en Occidente, sería diferente sin la influencia de la cerámica japonesa. Esta afirmación puede parecer, dicha así, un tanto radical. Obviamente hay culturas cerámicas en prácticamente todos los rincones de nuestro planeta, y todas han tenido influencia y se han visto incluidas por otras.
La historia de la cerámica, como todas, es una historia de mestizaje y enriquecimiento mediante el encuentro entre diferentes pueblos: la cultura árabe aportó a la cerámica europea el desarrollo de los esmaltes y los reflejos metálicos; China fue el origen de la cerámica coreana, y ambas conformaron posteriormente la cultura japonesa. Y así podríamos seguir hasta concluir que, actualmente, son pocas las tradiciones cerámicas que podemos considerar “puras”. Los nacionalismos culturales no sirven en la cerámica (probablemente en ninguna expresión cultural).

“Cabeza” (Dogū). Japón, período Jōmon medio (3500–2500 AC). Arcilla de baja temperatura. 10,3 × 22,5 × 25,4 cm. The Met Collection, Nueva York. (Open Access)
Hoy en día en nuestro entorno vemos con naturalidad los talleres de creación de “chawan” o “rakú”, pero si queremos buscar el origen tenemos que remontarnos al siglo XIX, cuando, tras la Restauración Meiji (1868–1912), Japón se abrió al mundo. Después de siglos de política de aislamiento (conocida como sakoku, “país cerrado”), los viajeros occidentales y los comerciantes pudieron volver a Japón, los primeros contando la belleza, pureza y exotismo de la cultura, y los segundos comerciando con todo tipo de materiales, especialmente decorativos, que fueron desde el principio muy bien valorados en Europa y Norteamérica. Fue la época de los japonismos, tan influyentes incluso en las grandes vanguardias del cambio de siglo del XIX y el XX.
Pero en la cerámica hay un factor diferenciador respecto a otras artes, que tiene además nombre y apellidos: Bernard Leach y Hamada Shoji. Estos dos ceramistas y amigos, fueron el tándem imprescindible que cambiaría para siempre no solo la estética, sino también la forma de entender la práctica de la cerámica, primero en Reino Unido, luego en todo el mundo anglosajón y, finalmente, en el resto de la cultura occidental (que, para bien o para mal, influye prácticamente en todo el planeta).

Jarrón ovalado, 1970. De Hamada Shoji (Japón, 1894-1978). Gres esmaltado. Museo de Arte Asiático. (Foto: © Museo de Arte Asiático de San Francisco.)
Hace ya un siglo desde que Leach y Hamada construyeran el primer horno noborigama en St. Ives (Cornualles). A partir de ese momento, Leach trató de unificar la cerámica japonesa con las tradiciones inglesas, especialmente con la cerámica medieval británica. Pero fue a partir de la publicación, en 1940, del libro A Potter’s Book, también escrito por Bernard Leach, cuando realmente los ceramistas occidentales tuvieron una imagen de la forma de trabajar la cerámica en Japón. Ya no era solo la estética, sino que se podía conocer la manera de entender, de sentir y de valorar la cerámica. Se popularizaron los esmaltes orientales (tenmoku, cenizas, celadón, shino o hagi, entre otros), técnicas como el mishima, nerikomi o hakeme, por nombrar solo algunas; también materiales y herramientas; tipos de cocción (como la cerámica rakú), e incluso tipos de hornos, como el anagama o el ittekoi, que hoy en día se pueden encontrar por todo el mundo.
A partir de ese momento la influencia de la cerámica japonesa fue cada vez mayor; en ocasiones directamente, con ceramistas que asimilaron la forma y, en el mejor de los casos, la filosofía. Pero fue incluso más importante la forma en que ciertos aspectos de la estética se fueron introduciendo en la práctica de la cerámica en Occidente. Desde la expresión libre de los trazos en la decoración, la belleza de lo inesperado en la cocción, o la introducción de elementos naturales en el acabado de las piezas.

Josep Llorens Artigas, Hamada Shoji y Bernard Leach, en la boda de Joan Gardy Artigas e Ishikawa Mako, 1962. Fundació J. Llorens Artigas.
Se puede decir que “lo japonés” se puso de moda. Esto dio lugar a muchos abusos inherentes a las modas, que se imponen generalmente de forma superficial, y que llevaron a la normalización de versiones realmente “curiosas” (siendo indulgentes) del rakú, del chawan o del wabi-sabi (¡cualquier cosa deformada o rota se podía justificar con el wabi-sabi!).
Afortunadamente hay otros desarrollos de esta influencia, mucho más respetuosos, por un lado la reproducción fiel de las fuentes y, por otro, la separación total del modelo, aunque manteniendo la filosofía. Lo que es imprescindible en ambos casos es trabajar siempre con un profundo conocimiento y estudio. Podría decirse que hay ceramistas que han asimilado lo japonés, pero también hay otros que, con toda libertad, utilizan lo que les resulta útil en su búsqueda de expresión.
Si se hace con honradez y respeto, esa asimilación es parte de la libertad que debe defender cualquier creador, artista, artesano o diseñador. Pero sin el conocimiento, esa utilización se queda en una patética apropiación superficial de la esencia de una cultura milenaria.

Raku Chojiro (fallecido c. 1589). Chawan de rakú negro bautizado por Sen no Rikyū como “Ōguro” (“Gran negro”). Alto, 8,5 cm. Colección privada, Japón. Declarado “Jūyō bunkazai” (Propiedad Cultural Destacada) por el Gobierno de Japón.
Y como estamos convencidos de la necesidad de ese conocimiento, en Infoceramica vamos a tratar de actuar en consecuencia, con la publicación de una sección permanente dedicada a la cerámica japonesa, que comenzará con la historia general de la cerámica en Japón, desde las primitivas vasijas del período Jōmon hasta el movimiento Mingei del siglo XX, pasando por los más conocidos centros alfareros, como Bizen, Shigaraki o Seto. También tendrán cabida los grandes maestros, muchos de ellos reconocidos como “Tesoros Nacionales” de la cultura de Japón. Trataremos también técnicas, tipologías de esmaltes, hornos o herramientas, así como otros aspectos de la cultura japonesa que nos puedan ayudar a contextualizar todo este material.
(*) “Yakimono” (やきもの) literalmente significa “cosa cocida”, y se usa especialmente para definir la cerámica o alfarería tradicional. También para las comidas asadas directamente en el fuego.
BIBLIOGRAFÍA:
Raku. A Legacy of Japanese Tea Ceramics. Raku Museum, Japon, 2015.
Bernard Leach Beyond East & West. Autor: Bernard Leach. Watson-Gubtil Publications, New York, 1978
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