
Pablo Picasso (1881-1973). “Cabeza de fauno”, Vallauris, c. 1948. Arcilla blanca cocida, torneada, modelada e incisa, Realizada a partir de una botella Madoura. 18,5 × 17,5 × 15,5 cm. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, Madrid. (© FABA Foto: Hugard & Vanoverschelde, © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026.)
Tras su paso por el Museo de Almería, donde ha recibido una extraordinaria acogida de público y crítica desde el mes de diciembre, la exposición Reflejos. Picasso x Barceló inicia ahora su viaje en Andalucía Occidental y desembarca en el Museo de Cádiz, donde podrá visitarse del 26 de marzo al 28 de junio de 2026
El diálogo cerámico de dos genios en el Museo de Cádiz
Texto del Museo Picasso Málaga
E
ste proyecto, que reúne más de un centenar de obras de Pablo Picasso, Miquel Barceló y piezas procedentes de las colecciones arqueológicas de ambos museos andaluces, proponen un encuentro inédito entre tradición e innovación y memoria y modernidad. Tras su paso por Almería (16 de diciembre de 2025 – 15 de marzo de 2026), ciudad mediterránea que fue el punto de partida de la exposición, Cádiz –puerta atlántica y cruce histórico de culturas- se convierte en el nuevo escenario para este diálogo artístico de estilos y épocas.
La iniciativa Reflejos. Picasso se inició en diciembre de 2024 en la ciudad de Granada, donde se presentó la obra de Picasso junto a la de Jeff Koons en el Museo de Granada. Ahora es el turno de Reflejos. Picasso x Barceló, un proyecto concebido y realizado en colaboración con Miquel Barceló, el Museo Picasso Málaga y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, con el Patrocinio de la Fundación Unicaja y la colaboración de la Consejería de Cultura y Deporte.
Reflejos Picasso se inscribe en una línea de trabajo que busca extender de forma estratégica la presencia del Museo Picasso Málaga en el territorio andaluz, generando nuevas oportunidades para reinterpretar la obra de Picasso desde perspectivas contemporáneas. Cada capítulo propone un encuentro singular que permite mirar a Picasso desde nuevas perspectivas y resonancias, abriendo su obra a otras genealogías y temporalidades.
Así, tras el éxito de Reflejos. Picasso x Koons, presentada en la Alhambra y el Museo de Bellas Artes de Granada (diciembre 2024 – marzo 2025), la propuesta Reflejos. Picasso x Barceló ofrece ahora una oportunidad excepcional para descubrir -primero en Almería y ahora en Cádiz-, las conexiones entre la obra del artista mallorquín y el legado picassiano, así como con piezas del pasado conservadas en ambos museos.
La peculiaridad de este proyecto expositivo es que pone en diálogo a Pablo Picasso y Miquel Barceló a través de uno de los medios artísticos más antiguos y universales: la cerámica. Sus obras se presentan junto a las colecciones arqueológicas de ambos museos, estableciendo un cruce transhistórico en el que prácticas de modelar el barro prehistóricas, antiguas, medievales y de nuestro tiempo, encuentran un espacio común.
La exposición invita asimismo a reconocer en Barceló ese eco constante de Picasso: una actitud experimental, una reinvención continua desde la tradición y una voluntad compartida de diálogo con el arte antiguo y moderno.

Picasso frente a una cerámica. Vallauris, 11 agosto 1966. Gelatina de bromuro de plata, Roberto Otero (1931-2004). (© Fondo Roberto Otero. Museo Picasso Málaga, 2026. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026.)
EL ARTE DEL FUEGO
Desde los albores de la humanidad, el barro y el fuego se unieron para dar forma a la cerámica, uno de los inventos más antiguos y trascendentes. Con las primeras vasijas, el ser humano encontró un modo de conservar agua, almacenar grano y cocinar alimentos: objetos humildes que transformaron la vida cotidiana y garantizaron la supervivencia de las comunidades.
Pronto, aquellas piezas funcionales se convirtieron también en portadoras de símbolos: se decoraron con motivos geométricos, animales o escenas de la vida, convirtiéndose en testigos de creencias, rituales y formas de imaginar el mundo. El barro, moldeado con las manos, pasó a ser soporte de memoria. El comercio extendió la cerámica a lo largo de rutas terrestres y marítimas, llevando jarras, ánforas y cuencos de un extremo al otro del Mediterráneo. Cada pieza viajaba cargada de aceites, vinos o especias, pero también de estilos, técnicas y saberes que se mezclaban en los puertos y mercados. Así, la cerámica se convirtió en el arte de transformar tierra, agua y fuego en objetos útiles y a la vez trascendentes, en diálogo constante con la vida de los pueblos.
Reflejos. Picasso x Barceló propone comprender la cerámica como un lenguaje universal que conecta lo útil y lo trascendente, lo cotidiano y lo simbólico. La exposición subraya la persistencia del barro como materia de memoria y experimentación, y sitúa a ambos artistas dentro de una genealogía mediterránea de creadores que, a lo largo de milenios, han transformado tierra, agua y fuego en arte perdurable.
GEOGRAFÍAS DEL BARRO: VALLAURIS Y MALÍ
Para Picasso, la cerámica se convirtió en un laboratorio esencial de ideas tras la Segunda Guerra Mundial. En Vallauris, descubrió en el barro un medio dúctil que le permitía unir pintura, escultura y objeto, transformando platos, jarras y vasijas en cuerpos humanos, seres mitológicos o escenas cotidianas, y enlazando con las tradiciones alfareras de Andalucía y el Mediterráneo.
Barceló, por su parte, llegó a la cerámica en los años noventa, durante su estancia en Malí. Allí aprendió técnicas ancestrales de la comunidad dogón y convirtió un accidente en revelación: la cerámica se convirtió en un territorio de exploración donde lo ritual, lo corporal y lo experimental confluyen. Sus piezas llevan inscritas las huellas del proceso físico, convirtiéndose en superficies vivas que conservan la energía del instante.
Esta exposición, patrocinada por Fundación Unicaja, está comisariada por Miguel López-Remiro, director artístico del Museo Picasso Málaga; Laura Esparragosa, directora del Museo de Cádiz, y Tania Fábrega, directora del Museo de Almería.
Afirma Miguel López-Remiro que mientras que para Picasso “la cerámica constituye no solo una forma de multiplicar su mensaje, sino también un espacio privilegiado donde articular tradición e innovación, memoria y modernidad”, en Barceló se convierte en “un territorio de exploración donde confluyen lo ancestral, lo corporal y lo experimental, como una superficie en la que el gesto queda inscrito en la materia”. Asimismo, López-Remiro señala que “el paso de Almería a Cádiz introduce un desplazamiento en la lectura del proyecto: de la profundidad estratigráfica del Mediterráneo a la apertura del Atlántico como espacio de circulación y encuentro. Dos geografías, dos formas de relación con la materia, que permiten entender la cerámica no solo como origen, sino también como tránsito”. Y añade que “en este recorrido, la exposición se configura como un sistema de reflejos, no en el sentido de la reproducción, sino como un movimiento de repetición y diferencia, donde pasado, presente y futuros posibles se pliegan en una misma superficie”.
Por su parte, Laura Esparragosa alega que “en el Museo de Cádiz, las obras de Picasso y Barceló dialogan con la cerámica arqueológica, como si compartieran un mismo pulso a través del tiempo”. Esparragosa destaca además el escenario en el que tendrá lugar esta nueva entrega del proyecto Reflejos. Picasso, donde se rodeará de otros maestros antiguos: “Más que un contraste, es una conversación a la que se unen las obras de Murillo y Zurbarán de la colección de Bellas Artes reconociendo esa sensibilidad común, convirtiendo el lugar en un espacio donde cerámica y pintura se buscan, se escuchan y se entienden a lo largo de los siglos.”

Miquel Barceló en el taller. Miquel Barceló, estudio de Vilafranca de Bonany, Mallorca, febrero 2023. (© Jean Marie del Moral.)
UN VIAJE DEL MEDITERRÁNEO AL ATLÁNTICO
Ubicadas en los contextos arqueológicos de Cádiz y Almería, las obras de Picasso y Barceló dialogan con vasijas neolíticas, ánforas fenicias y romanas, lozas islámicas y fragmentos de milenios de historia. Surgen así resonancias temáticas que atraviesan el tiempo: la figura humana y animal como arquetipos, el fuego como fuerza transformadora, la fragilidad como resistencia y los procesos de fragmentación y recomposición como testimonio del tiempo. Y el mar, alma compartida de estas dos ciudades, que gracias al comercio ha sido cauce de memoria, mestizaje y creación artística entre varias civilizaciones.
La exposición inició su periplo en diciembre en el Museo de Almería, donde ha registrado una excelente respuesta de público. Fundado en 1933 y reabierto en 2006, se encuentra en un edificio contemporáneo, que reúne una de las colecciones cerámicas más significativas, con piezas que abarcan más de cinco mil años, desde el Neolítico hasta producciones actuales. Su propuesta expositiva, articulada en torno a la columna estratigráfica, permitió comprender la evolución cultural del sureste peninsular a través de materiales de yacimientos como Los Millares o El Argar.
Ahora, la muestra recala en el Museo de Cádiz, ubicado en la histórica Plaza de Mina desde 1935 y declarado Bien de Interés Cultural, un lugar clave para comprender la historia y el arte de la ciudad. Su colección se organiza en tres áreas: Arqueología, Bellas Artes y Etnografía. Destacan los sarcófagos fenicios, esculturas romanas, pinturas barrocas de Zurbarán y Murillo, así como la singular colección de títeres de la Tía Norica. El museo ofrece un recorrido diverso que refleja la identidad cultural de Cádiz desde la antigüedad hasta la actualidad.
Este tránsito de Andalucía Oriental a Andalucía Occidental, de la luz mediterránea a la cadencia atlántica, acentúa la lectura geográfica y simbólica del proyecto: dos mares, dos paisajes y dos tradiciones que se encuentran en la obra de Picasso y Barceló.

Pablo Picasso (1881-1973). “Paloma”, Vallauris, 14 octubre 1953. Arcilla blanca cocida, modelada e incisa. Realizada a partir de una botella Madoura. 14,4 × 10,7 × 22,4 cm. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, Madrid. (© FABA Foto: Hugard & Vanoverschelde. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026.)

Pablo Picasso (1881-1973). “Forma femenina”, Vallauris, 1948. Arcilla blanca cocida, torneada, modelada y barnizada. 97,1 × 28,5 × 20,2 cm. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, Madrid. (© FABA Foto: Marc Domage. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026.)

Pablo Picasso (1881-1973). Plato decorado con una cabeza de cabra, Vallauris y Cannes, 5 junio 1952 y 16 febrero 1956. Impresión original en arcilla blanca cocida, pintada con engobes y esmalte, parcialmente vidriada. 31,5 × 51,5 × 5 cm. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, Madrid. (© FABA Foto: Marc Domage. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026.)

Miquel Barceló (1957). “Ganivetades / Cuchilladas”, 2009. Cerámica, 54 × 32 × 37 cm. Colección del artista. (© Foto: David Bonet, 2025. © Miquel Barceló, VEGAP, Málaga, 2026.)

Miquel Barceló (1957). “Sin título”, 2017. Cerámica, 104 × 43 × 30 cm. Colección del artista. (© Foto: David Bonet, 2025. © Miquel Barceló, VEGAP, Málaga, 2026.)

Miquel Barceló (1957). “Sin título”, c. 2009. Cerámica, 20 × 29 × 31 cm. Colección del artista. (© Foto: David Bonet, 2025. © Miquel Barceló, VEGAP, Málaga, 2026.)

Vasija a la almagra. Sima del Lentisco, Benaocaz, Cádiz. Neolítico 3500 a.C.. Cerámica hecha a mano y pintada con almagra. 11,5 cm × 15,5 cm. Museo de Cádiz. (© Museo de Cádiz. Foto: Lucía Rivas Villa.)

Vaso zoomorfo. Puerta de tierra, Cádiz. Siglo II a.C. Arcilla cocida modelada a torno y a mano, con decoración pintada. 15,5 × 27,5 × 7,7 cm. Museo de Cádiz. (© Museo de Cádiz. Foto: David Revuelta.)

Askos sardo. Época fenicia arcaica siglos IX-VIII a.C. Cerámica hecha a mano y decorada con punzón, 16 cm. Museo de Cádiz. (© Museo de Cádiz. Foto: Lucía Rivas Villa.)
La exposición abre sus puertas el 27 de marzo y podrá visitarse hasta el 28 de junio.
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