
Por supuesto es una buenísima noticia que se hable y que haya nuevas ferias y eventos dedicados a la cerámica contemporánea, aunque lo verdaderamente esencial es abordar la cerámica con rigor y conocimiento, ya que sería contraproducente que el gran público se haga una idea equivocada de lo que es y ha sido el arte cerámico.
Esto me viene a la cabeza después de leer el “manifiesto” o texto de presentación de la feria cerARTmic, de Madrid, en el que el crítico de arte Javier Díaz-Guardiola escribe sobre cerámica, utilizando de entrada todos los tópicos sobre la cerámica (la creación del hombre, Prometeo, Gilgamesh…), haciendo la consabida referencia a la artesanía e incluso señalando una mirada feminista “que recupera a la mujer” (yo no sé muy bien de dónde recupera a la mujer, pero de los dieciséis artistas que menciona, solo dos son mujeres).
Pero lo más impactante lo encontramos en el párrafo final, en el que pasa de una referencia a Talavera y Manises a “(…) otros grandes como Chillida, Tàpies o Barceló, hasta los media carrera (Miki Leal, Fernando Renes, Antonio Ballester Moreno…) o los más jóvenes (Paloma de la Cruz, Marina González Guerrero, Aitor Saraiba, Little…)”.
En un solo párrafo trata de resumir el viaje desde la cerámica histórica hasta nuestros días, pero además obviando a varias generaciones de ceramistas que ya trabajaban y exponían antes incluso de que Tàpies o Barceló tocaran el barro. ¿Nos suenan nombres como Josep Llorens Artigas, Elena Colmeiro, Enric Mestre, Maria Bofill o Arcadio Blasco? ¿O Claudi Casanovas, Ángel Garraza o Madola, entre los que siguen en activo?
No hay inconveniente, al menos por mi parte, en que se nombre a Miki Leal o a Aitor Saraiba por su actividad cerámica, pero ¿de verdad se les puede considerar referentes del movimiento cerámico actual? ¿El autor sabe quiénes son Rafaela Pareja, Rafael Chacón, María Oriza, Miguel Molet, Xavier Monsalvatje, Marta Armada, Ícaro Maiterena, Caterina Roma, Joan Serra, Pepa Jordana, Rafa Pérez, Lourdes Riera, Caxigueiro, Mia Llauder o Roger Coll…? Y solo estoy nombrando, de memoria, unos pocos entre los cientos de ceramistas que llevan años trabajando en sus talleres, exponiendo, dando clases y creando un corpus de obra cerámica sólido y consolidado.
Volviendo al principio, es una buena noticia que haya nuevas ferias de cerámica contemporánea, pero resulta triste en parte ver cómo para algunos la vida comienza cuando “jóvenes artistas descubren la cerámica”, o por el contrario cuando “artistas consagrados” la utilizan, cuando oímos frases como que “ahora se está transformando la cerámica de artesanía en arte” (sea lo que sea que signifique eso…), o que se venda como una oportunidad genial que una tienda de ropa o de zapatos, o un bar, expongan una obra de cerámica (por muy “exclusivos” que sean esos establecimientos).
La feria cerARTmic es una buena noticia, sin duda, y cada año parece tener mejor nivel, especialmente gracias a que las galerías traen cada vez a mejores artistas. Es de esperar que la organización tome nota y se preocupe más de la cultura cerámica en torno a la feria, con actividades de calidad e interés para ceramistas, aficionados y coleccionistas, que enriquezcan el diálogo y ofrezcan un espacio de encuentro y reflexión. Sería bueno para la cultura y la cerámica, pero también para las ventas, ya que, cuanto más se conoce la cultura cerámica, más se aprecia.
Wladimir Vivas
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